La voz de Oliver sonó junto a su oído como un juramento. Desde aquel día en el jardín de los Quiroga, cuando la muchacha del vestido de noche cayó entre sus brazos, todo había empezado a salirse de control. Su corazón, sus sentimientos, estaban a cada instante atados a ella. Y ahora tenía la certeza de que jamás podría soltarla. Esa muchacha, despierta y alerta, era como un enigma imposible de descifrar; y, sin embargo, fuera a donde fuera, él la encontraría. Alina ya no debía ni soñar con huir. Ella se sonrojó. Por suerte la oscuridad de la noche la disimuló un poco. Apartó a Oliver, se puso de pie y se quedó cabizbaja, sin decir nada. Él se rio. —Si ya te vi todo, ¿de qué te apenas? Alina le dio un puñetazo. —¡Mentiroso! Oliver se cubrió el pecho. —La última vez que te emborrachaste, bien que yo… —¡Cállate! Volvió a estirar la mano para pegarle. Oliver le atrapó la muñeca y la miró. —Ali, gracias. Alina se quedó desconcertada y luego sonrió. —¿Gracias de qué? Él se qu
Última atualização : 2026-06-20 Ler mais