Carlos soltó un suspiro demasiado exasperado para su temperamento y tiró la servilleta sobre la mesa.—No seas ridículo, Fernando. —Y se retiró, sin esperar respuesta.El silencio que siguió fue sofocante. Si el ambiente ya era malo, empeoró aún más. El aire parecía demasiado pesado. Natália respiraba con dificultad, con el corazón oprimido. Quería gritar, decir algo que rompiera ese muro entre ellos, pero cuando habló, su voz salió suave, casi temblorosa.— Mira, Fernando… no sé qué ha hecho Mariana para dejarte así, pero si puedo hacer algo para ayudar…Él esbozó una sonrisa amarga. — ¿Ayudar? —repitió, burlón—. ¿Y qué has hecho exactamente para ayudar, Natália?—Estoy intentando acercarme a ella, intentando ser su amiga, pero…—Sí, me he dado cuenta —la interrumpió, irónico—. Te estás esforzando por traer armonía a la casa… incluso entre nosotros, ¿no es así?Ella lo miró fijamente, sintiendo cómo le ardía el pecho. —No me eches la culpa a mí. Tú tampoco ayudas. No te pedí que te
Última actualización : 2026-05-27 Leer más