—¡Héctor, espera! ¡Está lloviendo a cántaros, las calles están congeladas! —le gritó Leonella, pero sus palabras se estrellaron contra la espalda del hombre.Héctor salió del vestidor a zancadas, cruzó la recámara principal y bajó las escaleras de la mansión como una ráfaga de viento negro. Bernardo intentó acercarse en el vestíbulo con un paraguas, pero el CEO lo apartó con el brazo, empujando los pesados portones de la entrada. El aguacero invernal lo empapó en un segundo, pero él ni lo sintió. Subió al Porsche negro, encendió el motor con un rugido ensordecedor y aceleró a fondo, haciendo rechinar las llantas contra el pavimento mojado. Salió disparado de la propiedad, devorando la avenida principal rumbo a la autopista del aeropuerto.Dentro del auto, la furia lo cegaba. Con una mano en el volante y la otra apretada en un puño, Héctor pisaba el acelerador sin piedad. Los limpiaparabrisas no daban abasto contra la cortina de agua que bloqueaba la visibilidad. La imagen de Pierin
Última actualización : 2026-05-30 Leer más