Al aparecer frente a su prima, Lena sentía las mejillas arder. El rubor le encendía el rostro y el saco beige le caía ligeramente torcido sobre los hombros, como evidencia del sofocón previo.Lía entrecerró los ojos, llena de malicia en cuanto la tuvo enfrente.Lena extendió los brazos hacia el pequeño. En ese instante, Lía se le acercó al oído con un susurro venenoso:—¿Segura de que solo entraste al baño a lavarte los dientes?Por puro instinto, Lena deslizó la lengua tras los dientes inferiores. El pulso se le aceleró.—Sí, ¿por qué? —respondió al instante. Rehusó sostenerle la mirada y fijó toda su atención en el cuerpo regordete de su hijo.—Nada más —dijo Lía, y amplia la sonrisa, sin presionar más.Quince minutos más tarde, Alán Montoya irrumpió en la sala. Vestía ropa casual que le sentaba impecable; la humedad del cabello recién lavado le caía en mechones rebeldes sobre la frente. Acercó los brazos, listo para recibir al bebé.—¿Seguro que no necesita una niñera? —murmuró Lía
Última atualização : 2026-07-25 Ler mais