Otro silencio. Luego, un sonido bajo, gutural, pura violencia desatada.—Diez minutos. Dime dónde.—Callejón trasero. Festival de cine. —Le di las calles—.—Mantente con vida. Voy en camino.La llamada se cortó.A lo lejos, desde el vestidor cálido y seco, aún podía oír la risa tenue de Vincent.Nueve minutos.Conté cada uno. El dolor en mis rodillas latía constante, anclándome a la realidad.Entonces, la noche se partió en dos.No con sirenas, sino con el rugido de motores de alto rendimiento que no pertenecían a una calle de alfombra roja. Los neumáticos chirriaron. Las barreras metálicas gimieron en protesta.Faros. Docenas atravesaron la lluvia, pertenecientes a un convoy de SUVs blindadas, negras, con vidrios polarizados. Formaron un círculo perfecto, intimidante, bloqueando todos los accesos.El vehículo principal, un Rolls-Royce Cullinan negro mate, se detuvo justo frente a la entrada de servicio. La puerta se abrió.Federico Falcone descendió.No llevaba saco. Solo
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