—Suéltame un momento, Diego, quiero tomar fruta de la mesa —dijo Elena, intentando apartar el brazo firme que rodeaba su cintura con fuerza.Diego, lejos de ceder, la atrajo aún más hacia sí desde atrás. Sus labios se posaron en el hueco de su cuello, dejando pequeños besos que le sacudieron un estremecimiento. —De ninguna manera. Traeré la fruta para ti, pero tú te quedas aquí.Estaban de pie junto a la piscina privada de la villa. La brisa matutina soplaba suavemente, haciendo rielar la luz del sol sobre la superficie cristalina del agua. Pero desde que habían despertado, Diego no había dejado ni un milímetro de espacio entre los dos.—¿Qué te pasa hoy? Llevas pegado a mí toda la mañana —murmuró Elena con una risita dulce. Giró un poco la cabeza para mirarle el rostro.Diego no respondió con palabras. Le tomó la barbilla, se inclinó y posó sus labios sobre los de su esposa con un beso suave pero exigente. Fue un beso prolongado, hasta que a Elena comenzó a faltarle el aliento.Cuand
Última atualização : 2026-08-23 Ler mais