Las náuseas me despertaron otra vez.Esta vez eran más intensas. No un simple revoltijo, sino una oleada que me subía desde el estómago y me obligaba a respirar hondo para no vomitar. Me quedé quieta, con los ojos cerrados, esperando a que pasara. Sebastián dormía a mi lado, ajeno a todo, con el brazo extendido sobre mi cintura. Su respiración era pausada, tranquila. La de un hombre que por fin había encontrado la paz.Pero mi cuerpo ya no era un lugar tranquilo. Mi cuerpo era un hervidero de hormonas, de células multiplicándose, de una vida diminuta que empezaba a reclamar su espacio.—¿Otra vez las náuseas?Abrí los ojos. Sebastián me miraba con esos ojos verdes que tanto me gustaban, todavía nublados por el sueño. Su mano se deslizó por mi vientre y se detuvo allí, como si pudiera sentir lo que estaba pasando dentro de mí. No sentía nada, todavía, pero el gesto me reconfortó más que cualquier palabra.—Otra vez —respondí con un hilo de voz.—Voy a llamar al médico.—No hace falta.
Última actualización : 2026-05-12 Leer más