Leonardo cumplió la semana completa.Clara lo supo porque contó los días sin proponérselo, con esa parte de la mente que sigue calculando aunque una decida no prestarle atención. El silencio no le dolió como había temido. Le dio, en cambio, un espacio extraño para respirar, para acostumbrarse a la idea de que él podía sostener un límite sin convertirlo en otra forma de reclamo.Cuando finalmente escribió, el mensaje fue simple.¿Puedo verte diez minutos, el sábado, donde tú elijas?Clara eligió el mismo banco.Le pareció, mientras caminaba hacia la plaza esa tarde, que repetir el lugar tenía un significado que no quería examinar demasiado. No era una invitación a la cercanía. Era, más bien, una manera de controlar el terreno, de no darle a Leonardo la sensación de que cada encuentro ampliaba un territorio nuevo.Él ya estaba ahí cuando llegó, esta vez con dos vasos de café en las manos.—No sabía si seguías tomándolo como antes —dijo, tendiéndole uno—. Compré uno con leche y otro solo.
Última actualización : 2026-07-10 Leer más