La sala de parto era más pequeña de lo que Clara había imaginado.O quizás todo parecía pequeño porque el dolor ocupaba demasiado espacio. Las paredes claras, la camilla, las luces ajustables, la mesa con instrumentos cubiertos, el monitor marcando sonidos que intentaban ser tranquilizadores; todo estaba allí, ordenado, preparado, profesional. Pero dentro de Clara no había nada ordenado. Su cuerpo era una ola que subía y bajaba sin pedir permiso, una fuerza antigua que la atravesaba desde la espalda hasta el vientre y le recordaba, con cada contracción, que Alma ya no era una idea escrita en un papel.Alma venía.Leonardo entró con ella, tal como había prometido, pero no se instaló en el centro. Dejó la maleta donde la enfermera le indicó, entregó la carpeta azul y volvió al costado de Clara sin tocarla hasta que ella buscó su mano. Esa espera mínima, en medio de todo, le importó más de lo que podía decir. Él no asumió que por estar allí tenía derecho a su cuerpo, a su miedo o a su do
Última actualización : 2026-08-18 Leer más