El mundo de Sebastián se detuvo en el preciso instante en que el peso de Kateryn cayó sobre su pecho. El pánico, una emoción que creía haber desterrado de su sistema hacía años, le subió por la garganta como hiel. La levantó con una facilidad que lo asustó; se sentía tan ligera, tan frágil, como si el cansancio la hubiera ido evaporando día tras día. La llevó a zancadas hacia el despacho contiguo, el que estaba en medio de la remodelación. El lugar era un caos de lonas plásticas, botes de pintura y muebles cubiertos, pero poco le importó. La depositó sobre un sofá de cuero que aún no habían retirado, sosteniendo su cabeza con una delicadeza que contradecía la furia de hace apenas unos segundos. —¡Kateryn! ¡Kateryn, despierta! —le ordenó, con la voz quebrada. Sara entró tras ellos, empujando a Sebastián a un lado para arrodillarse junto a su amiga. —¡Déjala! Tú ya has hecho suficiente —espetó Sara, comenzando a abanicar a Kateryn con un cartón. Sebastián se puso en pie, per
Última atualização : 2026-05-13 Ler mais