El día llegó.El plan estaba trazado. Los hombres, preparados. Las armas, listas. Ciro había aceptado que yo fuera, pero cada vez que me miraba, veía la inconformidad en sus ojos. No le gustaba. No quería tenerme allí. Pero yo ya no era la mujer que necesitaba que la protegieran de todo. Yo podía luchar. Y esta era mi lucha.Esa noche, antes de salir, entré en la habitación de Cael. Estaba dormido, abrazado a su almohada, con el pelo revuelto y la respiración tranquila. Me senté a su lado, le aparté el pelo de la frente y le di un beso.—Te quiero, mi amor. Mamá volverá pronto —susurré.Recé en silencio. No por mí. Por él. Por Ciro. Por lo que estábamos a punto de hacer. Le pedí a Dios que nos protegiera. Que me diera fuerzas. Que no permitiera que mi hijo se quedara sin padres.Rosa me esperaba en la puerta. Llevaba el rostro serio, las manos entrelazadas sobre el delantal.—Cuídalo, Rosa. Te lo dejo a tu cargo.—Lo cuidaré con mi vida si es necesario. Puede irse tranquila.La abracé
Última atualização : 2026-06-26 Ler mais