Elena llegó al departamento de su padre un domingo por la tarde.No era una visita planeada. Ricci la había llamado esa mañana con esa voz que usaba cuando quería algo pero no iba a decirlo directamente, y Elena había aprendido a leer ese tono antes de cumplir los veinte años, así que había dicho que sí y había ido, porque negarse habría generado más conversaciones de las que valía la pena tener.El departamento era grande, ordenado, con esa frialdad de los espacios que se cuidan pero no se habitan del todo. Ricci la esperaba en el salón con café servido.—¿Cómo estás? —preguntó, cuando ella se sentó.—Bien. —Elena tomó la taza. —¿Vos?—Bien. —Ricci la miró. —¿Cómo va el trabajo?—Bien.—¿Y el chico?Elena dejó la taza sobre la mesa.—¿Cuál chico?Ricci no respondió de inmediato. Se levantó, fue hasta el ventanal, y se quedó mirando la calle un momento antes de girarse.—Elena. —Lo dijo con esa calma que tenía para las cosas que consideraba importantes. —Mateo Ferreira.—¿Cómo sabés?—
Última actualización : 2026-07-20 Leer más