Tras encargarse de los arreglos del funeral, Elijah regresó al salón de banquetes, completamente perdido.El salón, antes majestuoso, ahora estaba vacío. Ya no quedaba nada de su vitalidad habitual.Sin embargo, él no podía dejar de clavar la mirada en la entrada, imaginando con desesperación que yo cruzaría la puerta como siempre, sonriéndole mientras me acercaba.Se quedó sentado allí, sin comer ni beber nada durante dos días. Se veía demacrado, y la voz se le quebraba una y otra vez mientras murmuraba:—Lo siento, Hazel... perdón de verdad... perdón...Su amigo no pudo seguir viéndolo así. Se acercó rápidamente, lo sujetó con firmeza y le insistió con angustia:—¡Elijah, reacciona, no puedes seguir así! Piensa en Kai. El niño te está esperando en la mansión, ¡no puedes desentenderte de tu propio hijo!—Kai... Al escuchar el nombre de su hijo, por fin apareció un destello en los ojos apagados de Elijah.Solo en ese momento reaccionó: todavía tenía un hijo al que proteger, no podía q
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