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Capítulo 2

Author: Mora
Subí las escaleras aturdida y tiré el ramo sobre el tocador sin pensarlo mucho.

Kai siempre había demostrado su amor con esos pequeños detalles: una simple hoja que recogía del camino, una flor que encontraba o un pequeño garabato...

Yo solía atesorar cada uno de sus regalos, convencida de que eran lo más valioso del mundo.

Sin embargo, hoy me había quedado claro que, cuando Kai de verdad amaba a alguien, se desvivía por darle lo mejor.

Contuve las lágrimas mientras sacaba la caja donde guardaba todos sus regalos.

Esos solían ser mis recuerdos más preciados, cosas que planeaba conservar toda la vida. Ahora, ya no quería ninguno.

—Mi amor, ¿qué estás haciendo?

Elijah abrió la puerta. Al ver el desorden en el suelo, frunció un poco el ceño.

Mis manos se detuvieron un instante y respondí con indiferencia:

—La casa está muy desordenada. Solo estoy limpiando.

Elijah se acercó y me rodeó con sus brazos desde atrás.

—Deja que las empleadas se encarguen de eso, no te desgastes. Tu salud nunca ha sido buena, tienes que descansar más —luego miró la habitación, que ahora se veía medio vacía, y de pronto sonrió—. Dejaste espacio a propósito, ¿verdad? ¿Es para los regalos de nuestro quinto aniversario?

Elijah me dio un tierno toque en la nariz, con los ojos brillando de ilusión.

—Menos mal que preparé suficientes sorpresas; van a alcanzar justo para llenar todo este espacio. No veo la hora de que sea mañana.

Dudé un largo rato antes de mirarlo y preguntar:

—Elijah... ¿te vas a quedar conmigo todo el día mañana?

Se detuvo un segundo, luego sonrió y me besó la frente.

—¿Qué clase de pregunta es esa? ¿Cuándo te he dejado sola en nuestro aniversario? Este es nuestro gran día, mi amor.

Sin querer soltar el tema, insistí:

—¿Y si de verdad surge algo de vida o muerte? ¿Te irías?

Elijah bajó la mirada. En sus ojos gris azulado, mi reflejo parecía ser lo único que existía en el mundo.

—No hay absolutamente nada más importante que tú. Mi poder, mi posición... nada de eso vale lo suficiente como para dejarte sola en una fecha así.

El cariño en sus ojos era tan evidente que, por un instante, casi creí que yo era todo su mundo.

Bajé la mirada, intentando ocultar la amargura que me subía por el pecho.

"Elijah, esta es la última oportunidad que te doy en la vida. Espero de corazón que no me falles."

Esa misma noche, justo cuando mi determinación flaqueaba, recibí un mensaje de Naomi Cook.

Era una foto de ella celebrando su cumpleaños junto a Elijah y Kai. En la imagen, Naomi sostenía dos cajas de regalo con el logo de Cartier, sonriendo de oreja a oreja.

Su mensaje era arrogante y provocador: "¿Todavía no te largas? Tanto tu esposo como tu hijo me prefieren a mí. ¿Con qué cara sigues aferrada a tu puesto de Donna?"

Sus palabras fueron como un cuchillo afilado clavándose en mi corazón, tanto que me costaba respirar.

Sí, Naomi y yo siempre habíamos estado en contacto.

Cada vez que Elijah me engañaba, ella se encargaba de que yo me enterara de hasta el más mínimo detalle.

Elijah jamás se habría imaginado que todo lo que tanto se esforzaba por ocultar sería expuesto de manera tan despiadada por su propia amante.

Naomi era el amor de infancia de Elijah.

Hace cinco años, ella se fue al extranjero a estudiar y dejó Tilea.

Todos a mi alrededor decían que yo me parecía muchísimo a ella, que solo era un reemplazo que Elijah había buscado para llenar su vacío.

Incluso Naomi lo creía. Así que, cuando regresó hace dos años, estaba segura de que Elijah se divorciaría de mí para quedarse con ella.

En esos dos años, logró poco a poco ganarse tanto a Elijah como a Kai.

Y ahora, ya no le bastaba con quedarse en las sombras. Quería reemplazarme abiertamente y quedarse con todo lo que me pertenecía.

Ante su provocación, al principio planeé ignorarla como siempre lo hacía.

Sin embargo, al pensar en la promesa de Elijah, terminé respondiéndole: "Mañana es nuestro quinto aniversario. Si logras que se vaya contigo ese día, te dejaré el puesto de Donna."

Naomi pareció un poco sorprendida, pero respondió rápidamente: "Más vale que cumplas tu palabra. Te aseguro que no importa el día ni la hora, con una sola llamada mía, él va a dejar lo que esté haciendo para correr a mis brazos."

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