LilianaFernando nos acompaña hasta la entrada principal de su casa, tan caballeroso como siempre, repartiendo abrazos y palmadas en la espalda como si despidiera a su propia familia en lugar de a un grupo de refugiados temporales que invadieron su casa por más de dos días. Cuando llega el turno de Elena, algo en su postura cambia. Se endereza, se acomoda el cuello de la camisa por segunda vez en menos de un minuto, y le toma la mano con una delicadeza que no le había visto usar con nadie más.—Sé que me rechazaste, y lo acepto con toda la elegancia que puedo reunir —le dice, con esa media sonrisa que en cualquier otro hombre resultaría ridícula, pero que, en él, extrañamente, funciona—. Pero quiero que sepas algo: no voy a dejar de cortejarte, Elena. Eres una mujer preciosa, inteligente, con un carácter que no cualquiera se atreve a plantarle cara, y eso, para mí, es irresistible.Pongo los ojos en blanco con tanta fuerza que casi me duele.—Fernando...—Déjame terminar mi discurso,
Última atualização : 2026-08-30 Ler mais