Lo llevé a casa para que conociera a mi familia.Mi padre lo miró unos segundos largos, le dio una palmada en el hombro y se lo llevó directo al estudio a tomar bourbon.A través de la puerta, escuché que hablaban de mercados, negocios y juntas directivas… nada de cadáveres ni de cuentas de sangre.Mi madre iba y venía con platos de comida casera, observando a Liam con una ternura intensa, casi esperanzada, que me apretó la garganta.Más tarde, me llevó a la despensa.Bajó la voz.—Es un buen hombre, hija. Cuéntale todo. El nombre. La vida que vivimos. Una casa limpia no tiene rincones ocultos. Vas a saber si es el indicado por cómo se mantenga de pie después de escucharlo.Así que lo hice.Esa noche, en la terraza, le conté todo: el legado Gambino, el viejo negocio familiar, mi matrimonio de conveniencia, la traición de Lucas, el colapso, el corte limpio y nuestra reconstrucción legal.Liam escuchó en silencio, con el rostro imposible de leer bajo el crepúsculo.Cuando terminé, le di
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