—Bienvenida a casa, señora —saludó el mayordomo principal, inclinándose con respeto para recibir a su patrona.—Gracias —respondió Aletta mientras bajaba del auto. Sus movimientos eran lentos, cargados de agotamiento.—Permítame llevar su bolso, señora —ofreció el hombre de mediana edad, tendiéndole la mano.Sin decir mucho, Aletta le entregó su bolso de cuero. Atravesó la puerta principal, que se encontraba abierta de par en par. La ráfaga de aire acondicionado asaltó su piel de inmediato.En lo alto, el candelabro de cristal emitía un resplandor deslumbrante, pero aquella majestuosidad no lograba calentar en lo más mínimo el vacío que sentía en el pecho.—¿Desea que le prepare un baño de agua tibia, señora? —preguntó el mayordomo, siguiéndola fielmente a unos pasos de distancia.—No es necesario —rechazó Aletta en voz baja, con un tono que aún sonaba ronco.—Tengo que ir a la cocina principal ahora mismo.El anciano detuvo un poco su andar, frunciendo el ceño levemente. —¿Desea come
Última atualização : 2026-08-09 Ler mais