— No estoy llorando...Hubo una pausa al otro lado de la línea antes de que la voz de Maison sonara, tajante:— Isabela, tus pequeñas mentiras siempre son tan torpes.Ella insistió, intentando conservar lo que quedaba de su máscara:— De verdad no he llorado.Maison pareció no querer prolongar el enfrentamiento y, tras un breve silencio, preguntó:— ¿Estás trabajando?— Sí —respondió ella, ocultando el perturbador encuentro que había tenido con su madre, Amarilis.Siguió otro largo silencio, pesado como el plomo. Finalmente, la voz masculina, cargada de una indiferencia que parecía fingida, resonó en el auricular:— Cuando salgas del trabajo, te estaré esperando en la cafetería del primer piso del Centro Comercial Global.El corazón de Isabela se hundió. Ese tono sugería una despedida definitiva. La sensación la distrajo el resto de la tarde; se perdió en sus pensamientos durante las reuniones, incapaz de centrarse en nada más que en ese final inminente.Al terminar su jornada, se dir
Última atualização : 2026-07-20 Ler mais