En los días siguientes, casi no regresé al territorio.Dorian no vino a buscarme. Su aroma todavía se aferraba a mi loba a través del vínculo de reclamo, ya debilitado, intermitente… como si incluso él hubiera dejado de preocuparse por si yo respondía o no.El día en que debía irme, planeaba partir de inmediato. Pero aún quedaban mis bocetos en el estudio. Como iba a abandonar el territorio, quería recogerlos.Cuando abrí la puerta, el estudio era un desastre.Había papeles por todo el suelo. Me agaché a recogerlos. Uno de ellos era Aullido bajo la Luna, una pintura que había terminado tres años atrás, tras un invierno entero de trabajo. Estaba destrozada.Leo estaba en el centro de la habitación, sosteniendo una pila de hojas que rompía con sus pequeñas garras. Me quedé en blanco por un segundo.—¿Qué estás haciendo? ¿Quién te dejó entrar aquí?Incluso Dorian rara vez entraba a ese estudio.Leo me miró. Sus ojos gris azulado no mostraban miedo, solo frialdad.Y siguió rompiendo mis bo
Read more