La lluvia siguió cayendo mientras subían juntos las estrechas escaleras hacia el pequeño apartamento sobre la tienda. No hablaron. No hacía falta: la tensión de las últimas semanas —el techo roto, las cartas guardadas, la llave entregada, la denuncia de Alessandro pendiendo sobre sus cabezas, y ahora esa pausa incómoda sobre lo que Octavio no había contado— se había ido acumulando hasta un punto en que las palabras sobraban.Octavio se detuvo antes de cruzar el umbral, girándose hacia ella.—Si esto va a pasar, quiero que sea porque lo decides tú, no porque la tormenta y el miedo te empujen a algo de lo que después te arrepientas.Marie lo miró, sorprendida de que se detuviera justo ahí, en el borde, a preguntarle en vez de asumir.—Lo decido yo —dijo, y era verdad: no era la tormenta, ni el miedo a perderlo con la inspección pendiente, ni siquiera la curiosidad sobre lo que él ocultaba. Era, simplemente, que quería quedarse con él esa noche, con todo lo que eso implicaba de riesgo.El
Última actualización : 2026-08-10 Leer más