La sala de espera era del mismo verde pálido que la de la ecografía, o quizás todas las salas de espera de hospitales simplemente lo eran, pensó Isabella, sentada rígida en una silla de plástico con la mano de Sofía aplastando la suya. El mismo acuario, o uno igual, estaba olvidado en la esquina, tres peces naranjas dando vueltas alrededor del mismo castillo de plástico que siempre parecían rodear, indiferentes a las pequeñas catástrofes que se desarrollaban en las sillas a su alrededor.—Está estable —había dicho la enfermera en voz baja, hacía veinte minutos, y luego nada más, la crueldad particular del hospital de una sola palabra tranquilizadora seguida de un silencio que no te decía nada en absoluto.Isabella miró el reloj de la pared, vio la manecilla de los segundos completar su lento circuito una y otra vez, y se encontró haciendo lo que no se había permitido hacer en años, rezando, sin dirigirse a nada específico, solo una súplica sin palabras, sin forma, lanzada a la habitac
Última actualización : 2026-08-31 Leer más