El sol de las ocho de la mañana entraba por los ventanales de cantera de la planta baja.No había polvo de mudanza.No había expedientes judiciales sobre los caballetes.Olía a café de olla con canela, a madera de pino recién cepillada y a témperas de colores vivos listas para usarse.Elena ajustó la altura de una mesa de trabajo baja.Llevaba un delantal de mezclilla azul marino con su nombre bordado en hilo blanco sobre el pecho:Elena.Solo Elena.Sin apellidos de matrimonio.Sin títulos prestados.Sofía y Mateo estaban al fondo del local, junto a una repisa de madera clara.Acomodaban botes de pintura por tonos:los amarillos primero,luego los naranjas,y al final los azules “que no se enojan rápido”.El gato dormía sobre un cojín en el alféizar de la ventana, cumpliendo con su sagrada labor de adorno viviente.—Esta mesa es para los que pintan con las dos manos —decretó Mateo, señalando una tabla redonda en el centro.Sofía lo miró con las manos en la cintura.—Nadie pinta con l
Última actualización : 2026-08-29 Leer más