El nacimiento de los trillizos a finales del otoño marcó el inicio de la era más próspera, luminosa y plena en la historia de la familia Castellanos. La llegada de dos niños y una niña —bautizados como Mateo, Agustín y la pequeña Sofía— no solo colmó de alegría la mansión del valle, sino que representó la consolidación biológica y emocional de una dinastía que había logrado erradicar para siempre cualquier sombra de su pasado.Aquel domingo de primavera, la propiedad celebraba el bautizo de los tres pequeños y la inauguración del nuevo mirador de la meseta norte. El evento, estrictamente privado, reunía en los jardines principales únicamente al núcleo familiar y a sus colaboradores más leales.En la gran terraza de piedra, la pequeña Elena, de cuatro años, corría de la mano de sus tíos Lucas y Esperanza alrededor de los tres cochecitos de mimbre decorados con encajes blancos. Elena asumía su papel de hermana mayor con un orgullo encantador, vigilando que los bebés durmieran plácidamen
Última actualización : 2026-09-01 Leer más