Grasya levantó la cabeza de donde la tenía apoyada sobre sus rodillas. La puerta del dormitorio se había abierto con un crujido. Por un segundo pensó que era Helios, hasta que vio a su gemela apoyada contra el marco, observándola. Se enderezó bruscamente, con cada músculo en tensión. —Perseia. —¿Esto es realmente lo que quieres? —preguntó Perseia, con una ceja arqueada—. ¿Quedarte encerrada en esta habitación, esperando a que Helios regrese… y dejar que haga exactamente lo que quiera contigo una vez más? Grasya no tuvo respuesta. Perseia suspiró. —No me digas que también te ha prohibido hablar conmigo. Ella negó rápidamente con la cabeza. —No, nunca. La hermana de Helios se acercó, con la mirada recorriendo a Grasya con la misma intensidad que la de su hermano: penetrante, implacable, imposible de sostener. A Grasya se le secó la garganta. Perseia se sentó en el borde de la cama. Antes de que Grasya pudiera moverse, unos dedos fríos le levantaron la barbilla, sujetándole el
Última actualización : 2026-07-15 Leer más