El aire en el penthouse de Sebastián era pesado, viciado por el olor a alcohol barato, colillas de cigarrillos aplastadas en ceniceros rebosantes y el eco de su propia obsesión. Estaba tirado en el sofá de cuero oscuro, con la camisa desabrochada, el cabello revuelto y la mandíbula marcada por el dolor del golpe que Jun-Du le había propinado y la caída contra los azulejos del antro.A pesar de estar ebrio, exhausto y con el cuerpo moliéndosele a latidos sordos, una sonrisa torcida, casi maníaca, se dibujaba en su rostro cada vez que cerraba los ojos y recordaba el instante exacto en que la había visto bailar. La había tenido ahí, brillando como una deidad salvaje, y la había besado. El sabor de los labios de Alessia seguía quemándole en la boca.Pero el alivio duró poco. De inmediato, su mente se proyectó hacia atrás, directo a la escena que lo había hecho estallar: el maldito chino tomándola de la cintura y recibiendo ese beso de despedida frente a todos.—Maldito infeliz... —bramó S
Última actualización : 2026-10-10 Leer más