La clínica clandestina a las afueras de la ciudad olía a formol, sangre coagulada y muerte. En una camilla de acero inoxidable, Rogelio Sandoval abrió los ojos con lentitud. Cada célula de su cuerpo era un infierno de dolor; los vendajes en su pecho y hombro estaban empapados en sudor frío, y su rostro, desfigurado por la paliza de Enzo y los balazos de Alessandro, apenas parecía humano.Sentada a su lado, con las piernas cruzadas y sosteniendo una copa de cristal con vino tinto, Fiorella Rossini lo observaba con una mezcla de morbo y desdén.—Vaya, el gran león de los Sandoval... pensé que ibas a estirar la pata en el asfalto —soltó Fiorella con su habitual tono cínico, tomando un sorbo lento—. Relájate, Rogelio. Estás a salvo aquí. Por ahora.Rogelio intentó incorporarse, pero un aullido de dolor ahogado lo obligó a desplomarse de nuevo sobre las almohadas. Sus ojos, inyectados en sangre y veneno, brillaban con una demencia absoluta.—Malditos... malditos todos —escupió con la voz d
Última atualização : 2026-09-25 Ler mais