Las cuarenta y ocho horas pasaron como un goteo lento y tortuoso. En la sala de espera del hospital, el tiempo parecía no avanzar. Isabella apenas había pegado ojo, recostada a ratos en el hombro de su madre, Amelia, quien había llegado de viaje hecha un mar de nervios. Elisa y Lorena iban y venían trayendo café caliente, mientras Elena apenas se despegaba de las sillas cercanas a la puerta de terapia intensiva.Durante dos días completos, las noticias del cuerpo médico llegaron en cuentagotas. Los doctores bajaban la dosis de sedantes muy despacio, esperando a que el cuerpo de Alessandro respondiera por sí solo. Cada vez que el reloj marcaba la hora de visita, Elena era la primera en ponerse la bata azul para entrar a la penumbra de la habitación. Le tomaba la mano, le hablaba en voz baja y le recordaba que seguía allí, esperando.Al amanecer del tercer día, el ambiente en la suite de terapia intensiva cambió. La luz del sol entraba de lado por las persianas, cortando la penumbra del
Última actualización : 2026-09-30 Leer más