El alba se derramó despacio sobre el horizonte del Caribe, tiñendo las nubes de tonos melocotón y ámbar, mientras el mar parecía contener el aliento, como si también quisiera escuchar cada palabra que nacía en ese círculo de corazones unidos. La brisa, cargada del aroma a sal y a flores de hibisco que crecían en los bordes de la orilla, acariciaba los rostros de todos los presentes: jóvenes que habían conocido la esperanza gracias a esa familia, ancianos que recordaban los días oscuros con gratitud por haberlos superado, niños que miraban con ojos curiosos y llenos de asombro, sin entender del todo el pasado pero sintiendo la fuerza inmensa que emanaba de él.Sebastián se ajustó despacio, apoyándose en su bastón tallado con olas y flores, y recorrió con la mirada a cada persona reunida. Sus ojos, claros y serenos, brillaban con una luz que no era la del sol naciente, sino la de una paz conquistada batalla a batalla, con lágrimas, con trabajo duro y con una fe inquebrantable en el bien
Última actualización : 2026-08-01 Leer más