La tarde descendía sobre Santo Domingo con una lentitud extraña, como si el día se resistiera a marcharse.Después del calor intenso de las primeras horas, el sol comenzaba a perder fuerza y teñía de ámbar las paredes de la casa, las hojas del jardín y la franja de mar que podía distinguirse a lo lejos. El viento agitaba las ramas del árbol de mango y llevaba consigo el aroma húmedo de la tierra recién regada, mezclado con el perfume de las rosas que crecían junto al muro.En uno de los extremos del terreno, parcialmente escondido entre helechos y plantas trepadoras, se encontraba el viejo pozo de piedra.Había estado allí mucho antes de que Valeria y Alejandro compraran la casa.Cuando llegaron, el pozo estaba cubierto de maleza, hojas secas y ramas. La piedra se encontraba ennegrecida por los años y nadie sabía con certeza cuánto tiempo llevaba sin utilizarse. Alejandro había querido taparlo desde el primer día, convencido de que resultaba peligroso. Valeria, en cambio, se negó.Dec
Última atualização : 2026-08-05 Ler mais