La aceptación no llegó acompañada de palabras amables ni de un armisticio firmado con una sonrisa. Llegó con el silencio pesado de Larissa al girarse sobre sus talones, empujar la puerta de madera y dejarla entreabierta, un gesto deliberado que en el código de la montaña significaba una sola cosa: entra bajo tu propio riesgo, pero atente a las reglas.Fenris, el viejo lobo gris, fue el último en ceder. Lanzó un bufido sordo, con los belfos retraídos lo suficiente para mostrar los colmillos en señal de advertencia, antes de dar media vuelta y perderse trotando entre las sombras del porche. Nathan no se movió de inmediato. Dejó escapar el aire contenido en sus pulmones, un vapor denso que se disipó en la fría atmósfera nocturna, y cruzó el umbral.El interior de la cabaña era un refugio cálido, impregnado de un olor inconfundible a resina de pino, cera de abejas y, por encima de todo, el aroma terroso y limpio de la tormenta que definía a Larissa, mezclado ahora con el rastro lácteo y d
Última atualização : 2026-08-20 Ler mais