La nieve en las cumbres de los Pirineos no era blanca; bajo la luz de la luna, parecía plata líquida derramada sobre el mundo. Larissa, envuelta en las pieles que Nathan le había dejado en la cabaña, caminaba por el borde del bosque. Sus pulmones, marcados por meses de aire viciado y antiséptico, finalmente estaban bebiendo la pureza del invierno.Pero no estaba sola. Nunca lo estuvo del todo, ese maldito Alfa siempre estaba enredado en su vidaUn aullido, bajo, profundo y cargado de una nota de reconocimiento que le erizó la nuca, rompió la quietud de la montaña. Larissa se detuvo. Sus manos, que aún conservaban la memoria táctil de las cadenas del laboratorio, se cerraron en puños. No era el miedo lo que la paralizaba, sino un recuerdo atávico.De entre los pinos, emergió una sombra inmensa. Un lobo de pelaje gris acerado, con los ojos amarillos como monedas antiguas, se acercó a ella sin hacer ruido. Era Fenris, el alfa que ella había dejado atrás años antes de que los Dubios la co
Última actualización : 2026-08-08 Leer más