Y, sin embargo, conocía cada timbre de su voz tan bien como conocía cada centímetro de su cuerpo. Era una locura.Cuando llegó a la puerta de su despacho se detuvo allí, disfrutando de la vista. Ella estaba hablando por teléfono, con los pies descalzos apoyados sobre el escritorio, una estampa que sospechaba que no muchos clientes tenían el privilegio de contemplar. Sus pies eran pequeños, delicados, con las uñas pintadas de un rosa brillante. La falda de estampado floral se le había subido, dejando al descubierto un muslo bien torneado.Él dio unos golpecitos en el marco de la puerta y ella se giró, sobresaltada. Al verlo, bajó los pies del escritorio de un tirón y él observó, disfrutando del espectáculo, cómo sus dedos hacían una versión de baile de Riverdance debajo de la mesa hasta localizar dos zapatos de tacón e intentar meter los pies en ellos mientras, simultáneamente, se recolocaba la falda en su sitio.Continuó con su conversación, con lo que él supuso que era una florista,
Última actualización : 2026-08-17 Leer más