Cecilia contestó la llamada.—Buenas, ¿señora López? Hablamos desde el Hospital Central. Su abuela, Laura López, ha empeorado repentinamente hoy. Tras los exámenes practicados, consideramos que no hay posibilidad real de salvarla. Quiere verla a usted y a su esposo por última vez. Por favor, vengan lo antes posible, o será demasiado tarde.—¿Qué? —Cecilia se incorporó, incapaz de asimilar la cruda realidad—. ¡No puede ser!El médico hablaba con compasión, sabiendo que ella se negaba a aceptarlo: —¡Señora López! Todo lo que le digo es cierto. Por favor, venga con su esposo, rápido. Si tardan... ya no habrá tiempo.Cecilia tuvo que aceptarlo y se echó a llorar: —¡Voy a perder a mi abuela!Su abuela era su única familia, la que la había criado y a quien más quería en el mundo.Cecilia quiso salir disparada, sin poder contener las lágrimas. Pero recordó que el médico había dicho que su abuela quería verla a ella y a Gabriel por última vez.Con la voz quebrada por el llanto, tomó la mano de
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