Compartir

Capítulo 3

Autor: Pez Varado
Cecilia sintió como si un cuchillo le atravesara el corazón.

Todavía podía engañarse a sí misma cuando escuchaba a Emilia llamar hijo a Dani una y otra vez.

Incluso cuando Beatriz le contó haber presenciado sus momentos familiares, Cecilia lograba consolarse pensando que Emilia solo buscaba arrebatarle todo lo que le pertenecía.

Pero él lo había admitido con su propia boca.

Cecilia se puso de pie temblando, incapaz de contener el llanto.

—Gabriel, ¿por qué me hiciste esto? Sabías perfectamente que Emilia había matado a mi bebé, ¿y aun así tuviste un hijo con ella?

Sin embargo, Gabriel respondió con arrogancia y desdén: —Ya te advertí que no volvieras a mencionar ese asunto. Todo quedó en el pasado, y Emi no lo hizo con intención.

—¿Que no lo hizo con intención? Lo hizo deliberadamente. Yo soy tu esposa legítima, ¿por qué prefieres creer en ella antes que en mí?

A Cecilia se le enrojeció la cara de la rabia. Ese matrimonio le había hecho sufrir demasiado. Había pasado sola el dolor de perder a su hijo y la traición de su esposo. Cuando por fin su vida empezaba a mejorar, le cayó otro golpe durísimo.

¿Acaso Gabriel y Emilia pretendían llevarla hasta la locura?

—Muy bien, supongamos que dejamos ese tema de lado. ¿Qué sentido tiene traer a su hijo a esta casa? ¿Me tomas por tonta? Gabriel, ¡yo no soy ninguna tonta!

Cecilia gritaba histérica.

Gabriel solo le dirigió una mirada fría: —Adoptamos al niño pensando en tus sentimientos. El pequeño es inocente. Él podía ser tu hijo. Si no quieres tener hijos propios, ocúpate bien de él.

A Cecilia se le rompió el corazón por completo.

Todo había sido una trampa, una conspiración.

¿Y él decía que era para cuidar sus sentimientos?

—Gabriel, ¿tienes conciencia de lo que estás diciendo? —Incluso Cecilia, que siempre había tenido un carácter apacible, estalló de rabia.

Si no se equivocaba, Gabriel dijo que no había cometido falta alguna al tener un hijo con su amante, y además esperaba que ella lo tratara con cariño.

Eso era inaceptable.

Si cedía, ese niño podría reclamar con todo derecho los bienes y logros que ella había construido durante años.

Por más humilde que fuera, nunca llegaría a ese extremo.

En ese instante, la voz de Gabriel resonó en sus oídos: —Sé perfectamente lo que digo, eres tú quien no entiende nada. Deberías saber cuál es tu lugar y ser una buena señora Díaz. Este puesto es lo que siempre has deseado.

Sí, antes era cierto.

Pero a partir de hoy, ya no.

Cecilia soltó una risa fría. Estaba harta de ser la señora Díaz.

Al instante siguiente, sacó el acuerdo de divorcio que había preparado.

Iba a entregárselo a Gabriel: —Quiero que veas esto.

Pero un teléfono sonó de repente, urgente.

Gabriel no tomó el documento que Cecilia le extendía. Lo apartó a un lado y contestó la llamada del extranjero.

Lo que oyó al otro lado de la línea hizo que su expresión se volviera seria.

Colgó y dijo: —Deja el documento aquí, lo revisaré después. El juego que desarrollaste para el mercado internacional está siendo atacado. Al abrirlo, aparece una página sangrienta. Tienes que irte ya al extranjero a solucionarlo, o lo retirarán de las plataformas y perderás años de trabajo.

Con esas pocas palabras, Cecilia comprendió que todo había sido solamente su ilusión.

Tanto en el trabajo como en el amor, ella creía que el juego que había diseñado era fruto del esfuerzo de ambos, una creación conjunta, como un hijo de los dos.

Pero Gabriel, una vez obtenido el derecho sucesorio, se convirtió en el director prestigioso del Grupo y olvidó por completo sus aportes. Incluso ahora que el juego enfrentaba una crisis, el problema recaía exclusivamente sobre ella.

Cecilia se secó las lágrimas. Vio la espalda de Gabriel alejarse y logró calmarse.

Dejó el acuerdo de divorcio en el lugar más visible del dormitorio, agarró su maleta y subió al coche. Ordenó al chófer: —Al aeropuerto.

En el avión, agotada, Cecilia se quedó dormida.

En su sueño escuchó una voz grave y agradable: —¿No lo recuerdas? Así es como siempre te tomaba de la mano.

De pronto sintió que una mano envolvía parcialmente la suya. Era una calidez fugaz que se desvaneció en un instante, y Cecilia despertó.

De pequeña había sufrido un accidente de coche y perdido la memoria. Pero siempre sintió que, además de sus padres, muertos en el siniestro, había alguien muy, muy importante a quien no lograba recordar.

—Buenas tardes, señorita. ¿Debería llamarla señorita López o señora... Díaz? —Se acercó un hombre de postura erguida, con aspecto de asistente.

Cecilia se quedó desconcertada: —¿Me conoce?

—He oído hablar de usted.

Cecilia dudó de sus palabras. Porque su matrimonio con Gabriel era secreto. Nunca la había llevado a ningún evento social.

—Mejor dígame señorita López. Me siento más cómoda así.

—De acuerdo, señorita López. Aquí tiene una carta de recomendación de mi jefe. Puede leerla. Si le interesa, puede contactarnos de inmediato.

Dicho esto, le extendió el sobre y se dio la vuelta para marcharse.

Siguiendo su silueta con la mirada, Cecilia divisó la espalda de otro hombre al que el asistente se dirigía. Vestía un traje negro imponente y severo; no alcanzó a ver su rostro, pero emanaba una presencia abrumadora.

Al leer la carta, Cecilia descubrió que se trataba de un proyecto confidencial: desarrollar sistemas de cortafuegos para un grupo aeronáutico internacional. Quien tuviera acceso a un encargo de esa magnitud sin duda era un gigante en el ámbito internacional.

El texto indicaba que, si Cecilia aceptaba, se orquestaría su muerte simulada, su antigua identidad quedaría anulada para siempre y ella podría incorporarse al equipo del proyecto.

Dadas sus circunstancias actuales, no era un mal camino.

Pero no tomó una decisión inmediata. Aún había algo que no podía dejar atrás.

Después de resolver los asuntos en el extranjero, regresó a la mansión con la intención de seguir discutiendo el divorcio con Gabriel. Apenas cruzó la puerta, vio a la empleada Carmen bajar las escaleras con el rostro descompuesto, como si quisiera decir algo, pero no se atreviera.

Continúa leyendo este libro gratis
Escanea el código para descargar la App

Último capítulo

  • Me dejaron por ella, elegí al magnate   Capítulo 30

    Durante la universidad, Marcos se esforzó por recomendar a Cecilia para estudiar en su antigua institución en el extranjero.Era una oportunidad que muchos estudiantes en la facultad habrían deseado. Cecilia se esforzó por aprender idiomas, pero justo cuando recibió la carta de admisión, alguien la denunció anónimamente por tener una relación inapropiada con Marcos.En aquel momento, Marcos le pidió que ignorara el asunto y que se marchara directamente al extranjero, que él se encargaría del resto. Sin embargo, Cecilia renunció voluntariamente por miedo a perjudicarlo.Después de ese pequeño problema, Marcos la valoró aún más. En ese entonces, siguiendo lo que pedía el gobierno, consiguió el visto bueno de la universidad y armó una empresa con varios estudiantes.Cecilia terminó retirándose para estar con Gabriel, pero Marcos conservó su parte de las acciones y le dijo que siempre sería bienvenida si algún día quería regresar.Todos estos años, Cecilia había recibido anualmente los div

  • Me dejaron por ella, elegí al magnate   Capítulo 29

    Cecilia respondió de inmediato: "Claro que sí."Beatriz era su amiga de toda la vida, y desde siempre había visto a la abuela de Cecilia como si fuera la suya. Le tocó estar fuera por un juicio urgente y no pudo volver para el funeral. Siempre se sintió culpable por eso. Cecilia aceptó, quedaron en ir juntas, y por la tarde llegaron al cementerio.Beatriz llevaba un ramo de flores rosadas, las favoritas de la abuela en vida, y las depositó con delicadeza frente a la lápida.De repente, ambas notaron algo.Cecilia notó que el suelo alrededor de la tumba aún estaba húmedo. Parecía que alguien había estado allí hacía poco.Cecilia reaccionó al instante. Se dio la vuelta y salió corriendo.No le había contado a Beatriz las últimas palabras de su abuela antes de morir: que sus padres no eran gente común.Y ahora, después de la muerte de la abuela, la única persona que podría venir a visitarla no era Gabriel, que andaba en pleno romance con Emilia.Además de ella, la abuela no tenía más fami

  • Me dejaron por ella, elegí al magnate   Capítulo 28

    A Cecilia no le pareció nada fácil. Con la voz temblorosa, dijo: —¿O sea que quieres que le mienta al abuelo y le diga que la mujer de la foto soy yo?Gabriel dijo con calma: —La verdad, no se me ocurre otra mejor. No solo tengo que decírselo así a mi abuelo, sino que también necesito que tú hables con los medios. Así el escándalo se apaga rápido. Para el Grupo Díaz y para todos, es más lo que se gana que lo que se pierde.¿Todos?Cecilia apretó los dedos sin darse cuenta.Sobre todo para Emilia, quería decir.Tal como él mismo había dicho, Gabriel la protegería siempre, en todo momento.Porque si la cosa seguía escalando, Diego terminaría averiguando quién era la mujer de la foto. Y sería Emilia.Diego se había opuesto rotundamente a que Gabriel se casara con ella. Si se enteraba, la echaría sin dudarlo.Por eso Gabriel estaba tan nervioso.—Está bien.Cecilia esbozó una sonrisa mientras las lágrimas caían sin control: —Les ayudo.Del otro lado, Gabriel sintió primero alivio, y luego

  • Me dejaron por ella, elegí al magnate   Capítulo 27

    Era Gabriel. Cecilia contestó.Gabriel preguntó: —¿Ya viste la noticia en internet?Tenía un tono frío, pero con cierto tanteo.Cecilia no sabía a qué se refería. Antes de que pudiera hablar, Gabriel añadió: —No es lo que parece. Puedo explicarlo.Cecilia se quedó sorprendida.¿Ahora quería explicar? ¿No será demasiado tarde?Cecilia preguntó: —¿Explicar qué?—Emi y yo no somos pareja. —dijo Gabriel de repente.—Bueno.Cecilia respondió con calma sin pensarlo dos veces: —Te creo.Gabriel siempre había sabido que Cecilia era dócil, pero esta vez se sintió extrañamente decepcionado.Se imaginaba que Cecilia iba a reaccionar como aquella vez que se enteró de que Daniel era hijo de Emi: como loca.O como cuando él no fue a ver a su abuela por última vez: gritos y reclamos.Pero esta vez, Cecilia estaba en paz.Ninguna mujer, por más paciente que fuera, podría tolerar que su esposo besara apasionadamente a otra mujer en un bar.Y sin embargo, Cecilia no lloró, no armó un escándalo.Era extr

  • Me dejaron por ella, elegí al magnate   Capítulo 26

    Al escuchar a Valentina mencionar al señor Díaz, Cecilia giró la cabeza para mirar.Entre toda esa gente, efectivamente estaba Gabriel.Bajo la luz del bar, se veía con total claridad.Su porte era imponente: elegante, distinguido, de una clase natural.Entre sus brazos sostenía a una mujer vestida de rojo, bellísima.Ese hombre, siempre tan frío y distante, ahora tenía la mirada llena de ternura.Beatriz siguió la mirada de Cecilia y abrió la boca asombrada: —¿Esa mujer es el primer amor de Gabriel?—Sí. —Cecilia bebió su copa con amargura.Beatriz no podía creerlo: —¿Y aunque se estén divorciando, los trámites toman tiempo, no? ¿Y se abrazan delante de todos?Cecilia guardó silencio. De pronto Emilia se incorporó y se acercó para besar a Gabriel.Él, por reflejo, inclinó la cabeza para devolverle el beso, mientras le rodeaba la cintura con el brazo.Una pareja perfecta.—¡Guau!—Eso es amor, ¿verdad?—¡El señor Díaz es el jefe más poderoso de todo el grupo!***Aquellas colegas mayor

  • Me dejaron por ella, elegí al magnate   Capítulo 25

    De repente, Cecilia cayó en cuenta. En los últimos años, Gabriel viajaba seguido al extranjero. Aunque ella solo era ingeniera, sabía bien que al país al que iba no había ningún negocio del grupo. En cambio, allí había varios colegios femeninos.Y Emilia decía que había estado estudiando en el extranjero estos años. Ahora Cecilia entendía a qué había ido él.Gabriel frunció el ceño. La respuesta de Cecilia lo tomó por sorpresa y no pudo evitar preguntar: —¿Y qué es lo que quieres? No creas que eres tan indispensable. Lo del viaje, ¿no te pasabas el día pidiéndomelo? Hasta buscabas información. ¿Y ahora te niegas? Ya no tengo ganas de llevarte, no te arrepientas después.Cecilia mantuvo una expresión serena: —No me arrepiento. Lo que deseo está sobre el escritorio de nuestra casa. Gabriel, ¿podrías prometerme al menos echarle un vistazo?Gabriel nunca prestaba atención a las cosas de ella.Al mencionarlo, lo recordó. Parecía ser un documento. Seguro que era algún bolso, joya o coche de

Más capítulos
Explora y lee buenas novelas gratis
Acceso gratuito a una gran cantidad de buenas novelas en la app GoodNovel. Descarga los libros que te gusten y léelos donde y cuando quieras.
Lee libros gratis en la app
ESCANEA EL CÓDIGO PARA LEER EN LA APP
DMCA.com Protection Status