Cuando volví a abrir los ojos, estaba acostada en una mullida cama de terciopelo en la finca de San Celano. Al otro lado de la ventana se extendía el olivar que ya empezaba a resultarme familiar, mientras la luz de la mañana avanzaba poco a poco por las paredes de la habitación.Vittorio estaba sentado en el viejo sillón de cuero junto a la cama. Parecía no haber dormido ni un minuto en toda la noche. Bajo los ojos tenía unas ojeras grisáceas, casi amoratadas, que le daban un aspecto enfermizo.—¿Ya despertaste? —preguntó, y un extraño temblor se coló en su voz apenas me vio abrir los ojos—. Niña testaruda… eres igual que tu padre. Tan imprudente con tu propia vida como él.Intenté responder, pero apenas abrí la boca sentí que la garganta me ardía y no conseguí sacar ningún sonido.—No hables —me pidió enseguida.Vittorio se inclinó hacia mí y acomodó mejor la manta alrededor de mi cuerpo.—Una bala te rozó la clavícula —explicó con el ceño fruncido—. El médico dijo que tuviste s
Baca selengkapnya