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Capítulo 13

Author: Bagel
Tres años pasaron en un abrir y cerrar de ojos. Me convertí en la integrante más joven de la Comisión de la Familia y en la única mujer que había ocupado el puesto de Consigliere jefe en toda la historia de las Cinco Familias.

Durante la solemne cumbre anual, frente a todos los Capos reunidos alrededor de la larga mesa, Vittorio inclinó personalmente la cabeza ante mí. Un aplauso ensordecedor llenó el salón y los jefes alzaron sus copas en señal de sumisión.

Cuando terminó la reunión, ya había
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  • Capo, tu amor ya no significa nada   Capítulo 13

    Tres años pasaron en un abrir y cerrar de ojos. Me convertí en la integrante más joven de la Comisión de la Familia y en la única mujer que había ocupado el puesto de Consigliere jefe en toda la historia de las Cinco Familias.Durante la solemne cumbre anual, frente a todos los Capos reunidos alrededor de la larga mesa, Vittorio inclinó personalmente la cabeza ante mí. Un aplauso ensordecedor llenó el salón y los jefes alzaron sus copas en señal de sumisión.Cuando terminó la reunión, ya había caído la noche. Afuera lloviznaba sin descanso y las calles adoquinadas de la vieja ciudad brillaban bajo una fina capa de agua.Conduje sola hasta el cementerio de la Familia, a las afueras de San Celano. El pequeño iris dorado de mi solapa brillaba débilmente bajo la luz grisácea de la lluvia.Frente a la lápida de mis padres dejé un ramo de rosas blancas y me arrodillé.—Papá, mamá —murmuré mientras contemplaba sus nombres grabados en el mármol—. Recuperé el honor de la Familia y devolví

  • Capo, tu amor ya no significa nada   Capítulo 12

    Cuando volví a abrir los ojos, estaba acostada en una mullida cama de terciopelo en la finca de San Celano. Al otro lado de la ventana se extendía el olivar que ya empezaba a resultarme familiar, mientras la luz de la mañana avanzaba poco a poco por las paredes de la habitación.Vittorio estaba sentado en el viejo sillón de cuero junto a la cama. Parecía no haber dormido ni un minuto en toda la noche. Bajo los ojos tenía unas ojeras grisáceas, casi amoratadas, que le daban un aspecto enfermizo.—¿Ya despertaste? —preguntó, y un extraño temblor se coló en su voz apenas me vio abrir los ojos—. Niña testaruda… eres igual que tu padre. Tan imprudente con tu propia vida como él.Intenté responder, pero apenas abrí la boca sentí que la garganta me ardía y no conseguí sacar ningún sonido.—No hables —me pidió enseguida.Vittorio se inclinó hacia mí y acomodó mejor la manta alrededor de mi cuerpo.—Una bala te rozó la clavícula —explicó con el ceño fruncido—. El médico dijo que tuviste s

  • Capo, tu amor ya no significa nada   Capítulo 11

    La negociación en Blacksand resultó más peligrosa de lo que habíamos previsto. Pasé seis días agotadores encerrada en un almacén abandonado del puerto, enfrentándome a Salazar y a una docena de sus hombres mientras intentaba conseguir que aceptara nuestras condiciones. Más de una vez terminé con el cañón de una pistola apuntándome a la frente, pero ninguno de los dos estaba dispuesto a ceder.Al sexto día utilicé la última baza que me quedaba y conseguí obligarlo a firmar el acuerdo. Pensé que por fin habíamos terminado, pero justo entonces las bandas rivales de la ciudad se volvieron unas contra otras y el puerto entero estalló en un tiroteo.Los guardaespaldas que habían viajado conmigo fueron cayendo uno tras otro mientras cubrían mi retirada. Conseguí refugiarme detrás de una gruesa barrera de concreto, pero una lluvia de metralla me abrió el brazo y la sangre no tardó en teñir de rojo mi abrigo.Me apoyé contra la pared helada y saqué el dispositivo encriptado que llevaba conmi

  • Capo, tu amor ya no significa nada   Capítulo 10

    Pasaron otros tres meses antes de que Vittorio me llamara a su despacho privado. Cuando entré, lo encontré sentado detrás del escritorio con una carpeta negra de cuero frente a él.—Hay un trabajo —me advirtió sin rodeos—. Es sucio y extremadamente peligroso.Empujó la carpeta cerrada hacia mí y dejó la pequeña llave a un lado.—Pero también es más importante para la Familia que cualquier asunto que hayamos enfrentado en décadas —continuó mientras me miraba—. Puedes negarte, Serafina. Nadie va a culparte.Abrí la carpeta y leí:«Frontera Sur. Blacksand».Una ruta de contrabando que atravesaba tres países había quedado prácticamente bloqueada por Salazar, uno de los jefes contrabandistas de la zona. Sus hombres ya habían masacrado a dos grupos de negociadores enviados por San Celano y abandonado sus cuerpos en medio del desierto.Ni siquiera se habían molestado en devolver las cabezas.La Familia necesitaba enviar a alguien en persona con una baza lo bastante fuerte para obligar

  • Capo, tu amor ya no significa nada   Capítulo 9

    Julian tardó seis meses en encontrarme en San Celano.Aquella noche yo estaba en la sala subterránea de negociaciones de la finca, revisando una operación de lavado de dinero con tres viejos propietarios de viñedos de Nápoles, cuando mi segundo al mando abrió la puerta y se acercó con discreción.—Señorita Vitale, hay un hombre de Porthaven esperándola en la sala VIP número tres del club —me informó en voz baja, inclinándose apenas hacia mí—. Dice que es su… esposo.Dejé la pluma sobre la mesa y mantuve un dedo apoyado en la esquina del documento durante un instante antes de levantar la vista.—Dile que esta noche estoy ocupada —respondí con calma.El hombre vaciló.—Lleva tres días esperando —añadió—. Dice que es por los papeles del divorcio.Guardé silencio unos segundos. Después cerré la carpeta y me puse de pie.—Que Enzo prepare el auto —ordené mientras empezaba a abotonarme el abrigo—. Vamos al club.Cuando el guardaespaldas abrió la pesada puerta insonorizada de la sala

  • Capo, tu amor ya no significa nada   Capítulo 8

    Mi vida en San Celano fue un nuevo comienzo. Enterré todo lo que había dejado en Porthaven y me abrí paso hasta el círculo interno de la Familia, primero revisando las cuentas del lavado de dinero y después interviniendo en las disputas comerciales entre las distintas bandas.Nadie allí sabía nada de mi antigua vida ni del dolor por haber perdido a mi hijo, ese mismo dolor que había estado a punto de acabar conmigo. Para los hombres de aquella vieja ciudad, yo solo era una joven viuda llegada del norte: una mujer tranquila, reservada y con una mirada tan fría que pocos se atrevían a hacer demasiadas preguntas.Durante el día me encerraba en el despacho a revisar libros contables y comparar cada movimiento de dinero de los viñedos, casinos y muelles de la Familia. Por las noches bajaba a la biblioteca subterránea de Vittorio para estudiar los linajes de las Cinco Familias y las deudas que habían acumulado durante los últimos treinta años. Los fines de semana podía pasarme el día enter

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