“¡El señor Garza Sada es un gigoló! No, él no es…”Antes de que las palabras pudieran salir por completo de su garganta, Lola empujó al hombre contra la pared más cercana y le cubrió la boca con la palma de la mano.El corazón le palpitaba con descontrol en el pecho, amenazando con salírsele del escote del vestido de noche.—¿Qué demonios haces aquí? —susurró ella, furiosa, con la mirada ardiendo en rabia y desconcierto—. ¿Acaso me estás acosando?El hombre no pareció inmutarse por la agresión.Al contrario, una sonrisa lenta, cargada de una sensualidad peligrosa, se dibujó bajo sus dedos.Con una paciencia calculada, tomó la muñeca de Lola y apartó su mano con suavidad, rozando la cara interna de su piel con la yema del pulgar, provocándole un escalofrío involuntario.—Quizás… —murmuró él con voz ronca, acariciando la tensión del ambiente—. La verdad es que nunca pude olvidarte, conejita.Sin darle tiempo a reaccionar, el hombre estiró los dedos y le quitó la máscara de encaje que le
Última actualización : 2026-08-24 Leer más