Mientras esperaba a que Talita fuera a buscar una de sus prendas, Fabi permaneció en el patio, cerca de la zona de barbacoa. Por mucho que su amiga insistiera en que entrara y pasara allí el resto de la noche, ella se negó. Estaba demasiado avergonzada para cruzar la puerta de aquella casa, y mucho menos para dormir allí.Sabía que Talita era una persona dulce, generosa y que jamás le negaría su ayuda. Aun así, también tenía su propia vida, sus propios problemas, y merecía disfrutar de aquel momento de intimidad.Solo pensar que había interrumpido el encuentro de su amiga con su novio bastaba para que los ojos se le llenaran de lágrimas.—Aquí tienes —dijo Talita, regresando unos minutos después con una de las bolsas de ropa que Dante le había regalado a Fabi.—Gracias, Tatá. Te prometo que encontraré la manera de venir a buscar el resto de mis cosas. Y no volveré a molestarte.—Deja de decir eso, Fabi. Sabes que, siempre que me necesites, estaré aquí para ayudarte.Sin perder tiempo,
Última actualización : 2026-09-01 Leer más