El sonido del rodar de las ruedas de una maleta arrastrada sobre el piso de cerámica rompió el silencio de la mañana. La puerta principal se abrió y una figura alta con cabello canoso y bien peinado, vistiendo una camisa negra, entró a la casa.—¡Eduard, Elena... Papá ha llegado! —esa voz de bajo, grave y autoritaria, resonó en el pasillo delantero.Eduard se apresuró a salir del baño con una toalla enrollada en la cintura, recibiendo a su padre con un abrazo cálido.—Papá, menos mal que llegaste a salvo. ¿Qué tal el viaje?—Sin contratiempos, Ed. Solo un poco de tráfico en la peaje por la larga fila de espera —respondió Jordan, el padre de Eduard, con una gran sonrisa.Yo, que estaba en la cocina preparando el desayuno, me limpié las manos en el delantal y me acerqué.—Bienvenido, papá —saludé educadamente, intentando esbozar la mejor sonrisa cálida que pude.Jordan desvió su mirada hacia mí. Sus ojos recorrieron desde mi rostro hasta el vestido de casa que llevaba puesto, un vestido
Última actualización : 2026-09-17 Leer más