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El Límite Sagrado Profanado
El Límite Sagrado Profanado
Autor: Ann

Capítulo 1

Autor: Ann
last update Fecha de publicación: 2026-09-17 14:39:03

Las velas con aroma a vainilla y la pasta con romero que empezaba a enfriarse llenaban el comedor. El reloj de pared sonaba suavemente, marcando las diez de la noche. En la mesa redonda de madera que había decorado a propósito con servilletas de tela rojo vino, dos platos de comida seguían intactos.

Esta noche era nuestro cuarto aniversario de bodas. Cuatro años que debieron estar marcados por risas cálidas o una celebración sencilla, pero para mí solo se habían convertido en la repetición del mismo patrón: esperar.

Se escucharon pasos desde la puerta principal. La llave giró y la figura de Eduard apareció con su camisa de trabajo un poco arrugada y el rostro cansado.

—¿Elena? ¿Aún no te has dormido? —preguntó al verme todavía sentada en la silla del comedor.

Miré el reloj de la pared y luego volví a mirarlo a él.

—Cociné la cena. Hoy es día catorce.

Eduard detuvo sus pasos y se frotó el rostro con brusquedad. Entrecerró los ojos despacio, mostrando un arrepentimiento que ya estaba acostumbrada a escuchar.

—Dios mío, Elena... De verdad se me olvidó por completo —murmuró despacio mientras se acercaba—. Perdóname. Claura llamó de repente. Tuvo otro ataque de pánico porque se fue la luz en su departamento. Tú bien sabes que Claura no puede estar sola en la oscuridad.

Exhalé despacio, sintiendo un vacío familiar deslizarse por mi pecho. Claura. Ese nombre siempre tenía el poder mágico de cancelar todos mis planes, todos nuestros momentos y todas mis esperanzas.

—Cuando te llamé a las seis, dijiste que tenías una reunión hasta tarde —dije, intentando mantener mi voz plana aunque sentía un nudo en la garganta.

—Sí, pero en cuanto terminó la reunión, Claura estaba llorando al teléfono. No podía dejarla sola en ese estado de terror, El. Es mi amiga de la infancia. Sabes muy bien cómo es su condición —explicó Eduard con un tono de culpa que rápidamente se transformó en defensivo.

—¿Y qué hay de mí, Ed? —pregunté despacio—. Soy tu esposa. Es nuestro aniversario de bodas. ¿Tan difícil es para ti recordar un solo día al año?

Eduard suspiró profundamente, mostrando una expresión de frustración que parecía acusarme de estar actuando de forma ilógica.

—Elena, por favor. No empieces a actuar de manera infantil. Claura está enferma, necesita ayuda. Tú estás segura en casa, no hay nada de qué preocuparse. ¿Puedes no estar siempre celosa por cosas como esta?

Esa frase cortó nuestra conversación como de costumbre. Eduard consideraba que mi dolor era simplemente "celos infantiles". Nunca vio que el problema no era solo que Claura fuera débil, sino cómo él siempre me ponía en segundo lugar. Siempre.

Sin esperar mi respuesta, Eduard caminó hacia el baño, dejándome sola en el frío comedor.

Apagué la vela de la mesa. Un humo tenue se elevó, llevándose los restos del aroma a vainilla, dejando una oscuridad que se arrastraba lentamente hacia mi corazón. Sabía que este matrimonio me estaba consumiendo poco a poco, y no sabía cuánto tiempo más podría aguantar bajo la sombra de alguien más.

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