Adrian se quedó mirando el mensaje unos segundos antes de llamarme, pero la llamada fue directamente a una grabación.—El número que marcó ya no está en servicio.Frunció el ceño y volvió a intentarlo, pero escuchó exactamente lo mismo. Para entonces, todos en la habitación se habían quedado en silencio.Luca bajó su copa.—¿Cambió de número?Adrian no respondió. Llamó por tercera vez y, al ver que nada cambiaba, tomó las llaves que estaban sobre la barra.Mia se levantó.—Adrian, quizá solo está enojada. Dale un poco de tiempo y volverá.Pero él ya se dirigía hacia la puerta.Cuando Adrian llegó a nuestro antiguo departamento, las luces estaban apagadas. Abrió la puerta, entró y gritó mi nombre, pero nadie respondió.En cuanto entró en la sala, se detuvo.Las cuatro cajas que había visto esa mañana ya no estaban, al igual que mis zapatos junto a la puerta, mis abrigos del armario y los libros y documentos de trabajo que guardaba en los estantes. Mi lado del armario estaba vacío y en e
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