“No debes temer a las sombras, porque no importa a dónde corras, tu sombra siempre estará contigo. A menos que no haya luz, y entonces, sí deberías tener miedo”. Muy temprano por la mañana bajé a desayunar. Melinda tenía la mesa llena de cosas ricas: frutas, yogurt y mis postres favoritos. Le pregunté amablemente cómo le había ido durante el fin de semana libre y, para mi sorpresa, me enteré de que ella y el mayordomo son esposos, y habían viajado juntos a visitar a su hija que está en la universidad. Demian bajó justo a las seis y media de la mañana. Se sentó a la mesa como de costumbre, en absoluto silencio, pero esta vez no mantuvo la vista fija en su tableta. Desde el segundo en que crucé el umbral, sus ojos color miel se clavaron en mí, siguiendo minuciosamente cada uno de mis movimientos con una fijeza pesada, casi obsesiva. Se percató de inmediato de los muchos postres que decoraban el lugar. —¡Qué bien, ahora hasta te preparan tu desayuno favorito! —lo dijo con un marcado
Última actualización : 2026-10-23 Leer más