Capítulo Ocho: La barrera de sangre y hierro"¡Leo, levántate y dame tu manta antes de que te la quite a golpes!""¡Prueba a tocarme, Marcus, y te juro que te clavo este bate roto en la garganta!"El aire dentro de la mansión en ruinas era tan frío que cada aliento de los dos hermanos se convertía en una densa nube de vapor blanco.No había paredes internas de madera, ni alfombras, ni estufas. Elena se había llevado absolutamente todo. Lo único que quedaba eran los bloques de cemento crudo, manchados por la humedad de la noche, y el piso de concreto gris sobre el cual los pasos retumbaban con un eco metálico y desolado. Marcus tenía los labios agrietados y cubiertos de sangre seca. Sus manos, antes cuidadas y limpias como las de un ejecutivo, ahora lucían uñas rotas y nudillos negros por la mugre."Necesitamos salir de aquí," susurró Marcus, tiritando mientras se sobaba los brazos con fuerza. "Si nos quedamos en esta caja de cemento otra noche, el frío nos va a matar antes que las b
Última actualización : 2026-11-02 Leer más