ログイン"¡Transfiere la casa a mi familia ahora mismo, o no esperes que vuelva a mirarte jamás!" Traicionada por su esposo y sus codiciosos suegros, Elena fue despojada de su herencia y dada por muerta cuando azotó el apocalipsis zombi. La muerte no fue el final. Resucitada quince días antes del brote, Elena se despierta con su ex parasitario exigiendo su casa. Esta vez, juega un juego diferente. Desbloqueando un sistema de espacio infinito a través de la reliquia de jadeíta de su madre, acepta vender, y luego despoja la mansión hasta dejarla en concreto desnudo, llevándose cada puerta, luz y baldiza a su almacenamiento espacial. Mientras su atónito exmarido regresa a un caparazón inhabitable días antes de que los muertos vivientes se alcancen, Elena asegura una villa de montaña fortificada y abastecida con millones en suministros. Cuando el mundo colapse, ¿quién sobrevivirá: los parásitos que se quedaron sin nada, o la mujer que recuperó todo?
もっと見るCapítulo Uno: Cede tu futuro
"Firma la transferencia de la propiedad ahora mismo, o te juro por Dios que jamás volveré a ver tu cara".
Elena miró a Marcus a través de la pequeña mesa de la sala de estar. Sus ojos estaban desorbitados, encendidos de rabia y arrogancia. Entre ellos yacía el nítido acuerdo de divorcio de varias páginas, el mismo contrato que había arruinado su vida pasada.
"¿Me escuchaste?", ladró Marcus, golpeando la madera con la palma de la mano. "¡Mi empresa me está dando una promoción ejecutiva, pero el puesto exige candidatos solteros con activos personales claros! ¡Estás frenando toda mi carrera!".
Elena bajó lentamente su taza de café. El aroma amargo golpeó su nariz, nítido y real. Se miró las manos: intactas, enteras, cálidas.
Quince días. Estaba de vuelta quince días antes de que el mundo se ahogara en sangre y dientes podridos.
En su vida pasada, ella había creído en sus excusas fluidas. Había cedido esta misma casa, lo único que le había dejado su difunta madre, y le había permitido entregarle la escritura a su familia. Esa misma noche, Marcus la había arrojado a la calle. Tres meses después, durante el sitio zombi en la base de sobrevivientes, él y su amante la empujaron directamente a una horda de devoradores de carne para ganar tiempo y huir.
El recuerdo de los dientes fríos desgarrándole el cuello envió una oleada de furia helada por sus venas.
"¡Elena, habla con él!", intervino su suegra, Brenda, acercándose a la silla de Marcus. "¡Sin esta casa a nombre de Marcus, tu cuñado menor no podrá presentar la prueba de activos para su boda la próxima semana! ¿Estás intentando arruinar a nuestra familia?".
"¿Su familia?". Elena se reclinó hacia atrás, con una voz escalofriantemente tranquila. "Esta casa pertenecía a mis padres. Fue comprada con los ahorros de toda su vida".
Brenda se burló, cruzando los brazos sobre el pecho. "¡Ustedes dos están casados! ¡Lo tuyo es suyo! Además, la carrera de Marcus es lo que importa aquí. No seas tan egoísta".
"¿Yo soy egoísta?". Elena dejó escapar una risa corta y fría.
Marcus la miró con furia, acercándose hasta quedar sobre su silla. "Deja de actuar como una víctima. Me prometiste el mes pasado que apoyarías mi carrera sin importar qué. ¿Ahora te estás retractando de tu palabra?".
"Nos vamos a divorciar, Marcus", dijo Elena, devolviéndole la mirada con ojos como pedernal. "¿Realmente piensas que soy estúpida?".
Marcus se atragantó con el aire, sorprendido por la ausencia total de lágrimas o súplicas en su tono. Por lo general, una sola mirada fría de su parte la hacía correr a pedir perdón.
"¡Bien!", espetó Marcus, cambiando de táctica. Suavizó ligeramente su expresión y se inclinó para alcanzar la mano de ella. "Elena, amor, sé razonable. Solo transfíremela hoy. Una vez que la auditoría de la empresa termine el próximo mes, te la devolveré. Te lo prometo".
Elena retiró la mano antes de que él pudiera tocarla. "Si quieres esta casa, bien. Dame tres millones de dólares en efectivo hoy".
Brenda chilló. "¿Tres millones? ¿Estás loca? ¡Esta casa no vale tanto!".
"El valor de mercado es de cuatro millones", respondió Elena sin un segundo de duda. "Tres millones es un regalo. Tómalo o déjalo".
El rostro de Marcus se puso violeta. "¡No tengo tres millones en efectivo sentados en una cuenta bancaria!".
"Entonces no tenemos nada de qué hablar". Elena alcanzó su teléfono inteligente sobre la mesa y tocó la pantalla para abrir sus contactos. "Llamaré a un liquidador de bienes raíces ahora mismo. Pondré la casa en el mercado hoy con un veinte por ciento de descuento para una compra inmediata en efectivo".
"¡Detente!". Brenda se abalanzó hacia adelante, agarrando la muñeca de Elena para bloquear la pantalla. Sus ojos estaban llenos de pánico. "¡No llames a nadie!".
Brenda se giró frenéticamente hacia Marcus, susurrando en voz alta. "¡Si se la vende a un extraño, tu hermano no obtendrá nada! ¡Cómprasela por tres millones! La casa vale cuatro millones de todos modos, ¡podemos hipotecarla o venderla más tarde y aun así obtener un millón limpio de ganancia!".
Marcus calculó los números rápidamente en su cabeza. La urgencia del apocalipsis entrante no significaba nada para él, pero los márgenes de ganancia sí.
"Bien", siseó Marcus, sacando su teléfono. "Tres millones. Pero te mudas de esta casa antes de que se ponga el sol hoy".
"Trato", dijo Elena de inmediato. "El dinero entra primero a mi cuenta personal. En el momento en que se confirme la transferencia, obtienes la escritura".
Brenda dio un paso adelante otra vez, con los dedos temblándole. "¡Envía la escritura de la propiedad directamente a mi nombre! ¡Ya que nosotros estamos pagando, debería pertenecerme a mí!".
Elena ni siquiera levantó la vista mientras desbloqueaba su aplicación bancaria. "La propiedad me pertenece a mí. Si los fondos no vienen directamente a mi cuenta privada desde la tuya, el trato se cancela y llamo al liquidador".
Marcus bufó con irritación y apartó a su madre. "¡Solo transfiérelo a su cuenta, mamá! ¡Necesitamos finalizar esto antes de que cambie de opinión!".
Diez minutos pasaron en un silencio tenso. El chasquido rítmico de las teclas del teléfono resonaba en la sala de estar.
Ping.
La pantalla de Elena se iluminó con una notificación bancaria.
Saldo de cuenta actualizado: +$3,000,000.00
Inmediatamente transfirió la suma completa a una cuenta líquida privada en el extranjero para evitar cualquier cancelación legal fraudulenta.
"¡Ahí tienes!", escupió Brenda, arrojando un bolígrafo legal sobre la mesa. "Tienes tu dinero. ¡Ahora firma el acuerdo y entrega el collar de jadeíta que te dio tu madre!".
Elena se congeló, con la mano deteniéndose en el aire sobre el papel.
En su vida anterior, Brenda le había arrancado ese mismo collar del cuello a Elena durante su discusión. Más tarde, después de que comenzó el brote zombi, Brenda había usado esa misma reliquia para desbloquear accidentalmente una dimensión de bolsillo, usando su almacenamiento infinito para acaparar comida mientras dejaba a Elena morir de hambre.
"El collar se queda conmigo", dijo Elena, con una voz que cayó en un tono tan oscuro que hizo que Marcus diera medio paso hacia atrás.
"¡Me lo diste como un anillo de compromiso cuando nos comprometimos!", mintió Marcus al instante.
"Es la única herencia de mi madre", Elena se puso de pie, con una postura rígida y una aura sofocantemente afilada. "Obtuviste la casa por tres millones. Toca las cosas de mi madre y romperé este acuerdo de transferencia ahora mismo y te llevaré a los tribunales por extorsión".
Marcus apretó las mandíbulas con tanta fuerza que sus dientes rechinaron. "¡Bien! ¡Quédate con tu estúpida baratija vieja! ¡Firma los papeles y vete!".
Elena firmó su nombre con trazos rápidos y elegantes, estampó el contrato contra el pecho de él y tomó las llaves de su auto.
"Tienes hasta las seis en punto para inspeccionar las instalaciones", dijo Elena con calma mientras caminaba hacia la puerta principal. "Después de eso, regresaré a limpiar mis pertenencias personales".
"¡Toma tu basura y vete!", le gritó Brenda desde atrás. "¡No queremos ni una sola cosa tuya obstruyendo esta mansión!".
Elena salió por la puerta principal, dejándola cerrarse de golpe detrás de ella.
De pie en el pasillo silencioso, metió la mano en el bolsillo interior de su abrigo y sacó el collar de jadeíta suave y frío. Su pulgar acarició la superficie verde pulida.
De repente, una tenue luz azul brilló debajo de su piel. Un ping agudo y mecánico resonó directamente dentro de su mente.
Sistema activado.
Almacenamiento dimensional desbloqueado: Espacio base: 0 metros cúbicos.
Regla: Dentro de la próxima hora, cada mil dólares en suministros del hogar reciclados recolectados otorgarán un metro cúbico de almacenamiento espacial.
Los ojos de Elena se agrandaron ligeramente, y una sonrisa desalmada se extendió por sus labios.
¿Reciclar suministros del hogar?
Miró hacia atrás, a la pesada puerta de madera de la casa de lujo que les acababa de vender.
"Me dijiste que no dejara ni una sola cosa mía atrás", le susurró Elena al pasillo vacío. "Me aseguraré de seguir tus instrucciones al pie de la letra".
Sacó su llave maestra, desatrancó la puerta y volvió a entrar.
Capítulo Veinte: Las puertas del primer depósito"¡Detén el vehículo ahora mismo, Víctor!""¡Elena, los sensores térmicos están marcando actividad biológica pesada justo detrás del muro de contención!"El rugido grave del motor diésel del camión blindado se apagó de golpe, sumiendo la cabina en un silencio tenso y helado.A través del parabrisas de tres capas de cristal blindado, el panorama era desolador.Un enorme portón metálico de color verde militar, oxidado por el invierno implacable y cubierto por una capa gruesa de escarcha blanca, bloqueaba la entrada del cañón subterráneo.A ambos lados, dos torres de vigilancia de concreto reforzado se alzaban como gigantes mudos, rodeadas de pinos silvestres cuyas ramas se doblaban bajo el peso de la nieve helada.El viento de la provincia soplaba con fuerza, arrastrando copos pesados que chocaban contra la carrocería de acero del camión con un sonido seco y metálico.El aire dentro de la cabina olía a cuero sintético, gasolina de alto oct
Capítulo Diecinueve: El renacer entre las cenizas"¡Desplieguen los módulos de contención en el sector este antes de que la temperatura vuelva a caer!""¡Entendido, Elena! ¡Los generadores portátiles ya están en posición y la red de calor está respondiendo al noventa por ciento!"El rugido continuo de los motores pesados retumbaba por todo el patio exterior del antiguo laboratorio.El suelo de cemento y escarcha estaba rodeado por densas columnas de vapor blanco que se elevaban hacia el cielo de la tarde, mezclándose con el olor a tierra mojada, hierro caliente y aceite de engranajes.Elena permanecía de pie sobre la rampa de carga metálica, con las botas de combate firmemente plantadas y los brazos cruzados sobre el pecho.Vestía su chaqueta táctica ajustada de color negro mate, con el cabello recogido y la mirada fija en los drones de construcción que ensamblaban la primera muralla de contención del nuevo refugio.A su lado, Maya revisaba una tableta digital de alta definición, ajus
Capítulo Dieciocho: Las entrañas del laboratorio"¡Abran fuego antes de que esa puerta de acero nos aplaste a todos!""¡No disparadores, imbecil! ¡Si tocas las tuberías de gas reactivo, este piso entero va a volar en mil pedazos!"El grito estridente del guardia resonó en el pasillo subterráneo del laboratorio principal.A sesenta metros bajo la superficie de la ciudad, el aire apestaba a antiséptico concentrado, ozono quemado y óxido de cobre.Las paredes de hormigón reforzado, pintadas de un blanco hospitalario desgastado por la humedad, devolvían el eco de las botas tácticas mientras tres mercenarios vestidos con trajes biológicos grises retrocedían en tropel.Elena avanzaba a paso firme por el corredor inundado por la luz roja de la alarma de emergencia.Vestía su armadura táctica ligera de color negro mate, con el cañón del fusil de asalto ajustado contra el hombro y la mirada fija en el panel de acceso de la puerta blindada.A su izquierda, Víctor cubría el flanco con una pistol
Capítulo Diecisiete: El cielo de plomo y fuego"¡Derriba ese helicóptero de la izquierda antes de que despliegue las cuerdas de desembarco!""¡Estoy en ello, Elena! ¡Pero estas malditas ráfagas de viento me están desviando la mira!"El estruendo brutal de las hélices pesadas hacía vibrar cada lámina de cristal blindado en la torre superior.Maya permanecía agazapada tras el parapeto de concreto del tejado, sosteniendo con ambas manos el lanzagranadas pesado de calibre cuarenta milímetros. El frío abrasador de la montaña le congelaba las pestañas, mientras el olor a queroseno quemado y pólvora se metía por sus fosas nasales con la fuerza de un vendaval.A cincuenta metros de altura, tres helicópteros militares de transporte pesado, pintados de un negro mate absoluto y sin ningún tipo de insignia oficial, volaban en formación de ataque sobre la cumbre.Las escotillas laterales de las naves se abrieron de par en par.Soldados vestidos con armaduras tácticas completas de color gris y viso
Bienvenido a Goodnovel mundo de ficción. Si te gusta esta novela, o eres un idealista con la esperanza de explorar un mundo perfecto y convertirte en un autor de novelas originales en online para aumentar los ingresos, puedes unirte a nuestra familia para leer o crear varios tipos de libros, como la novela romántica, la novela épica, la novela de hombres lobo, la novela de fantasía, la novela de historia , etc. Si eres un lector, puedes selecionar las novelas de alta calidad aquí. Si eres un autor, puedes insipirarte para crear obras más brillantes, además, tus obras en nuestra plataforma llamarán más la atención y ganarán más los lectores.