
¡Boda y boda! El magnate ardió al besarla—Llevas dos años casado, y hemos hecho el amor 666 veces. Javier, ¿crees que Clara se ha dado cuenta?
Lo primero que Clara Mendoza escuchó al recuperar la audición fue esa conversación entre su esposo, Javier Fuentes, y la que él reconocía como hermana.
Su esposo la estaba engañando.
Clara no lloró, no montó ningún escándalo, ni intentó retenerlo. En silencio, buscó el acuerdo prenupcial.
El acuerdo decía: “La persona que cometa infidelidad perderá todo derecho a los bienes conyugales”.
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Javier siempre esperó que Clara volviera a él.
Pero al verla convertirse en la directora general de la ceremonia nacional, luego en la primera mujer en ganar el título de campeona mundial de “GlobalBest”, y más tarde rodeada de figuras políticas y grandes maestros como estrellas alrededor de la luna, Javier perdió la calma.
Se arrastró con humildad hasta los pies de Clara, y con dedos temblorosos agarró el borde de su falda: —Tú lo diste todo por mí, ¿de verdad estás dispuesta a dejarme así? Clara, amor mío, ¿puedes quererme otra vez?
Clara ni siquiera lo miró.
Entonces él la vio, sin poder evitarlo, lanzarse llena de alegría a los brazos de otro hombre, un hombre ilustre y distinguido, que la mimaba como a una joya preciosa.
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El día de San Valentín, Ricardo Reyes frunció el ceño al ver las flores que le habían llevado a casa: —Tírenlas a la basura, dan mala espina. Cualquier don nadie se acerca.
Clara, en son de broma, dijo: —Pero si están bonitas.
Esa misma noche, mientras se frotaba la cintura adolorida, Clara no pudo evitar quejarse: —Después de tantos años retirado, ¿cómo es que todavía tienes un estado físico tan tremendo?