3 Jawaban2026-01-16 00:24:23
Me encanta compartir rutas para encontrar joyas literarias, y «72 kilos» tiene varias vías buenas en España si sabes dónde mirar.
Yo suelo empezar por las grandes cadenas: en «Casa del Libro» y en «Fnac» casi siempre aparece listado y puedes elegir entre envío a domicilio o recoger en tienda, lo que me salva cuando quiero el libro el mismo día. «El Corte Inglés» también lo suele tener en su sección de libros, especialmente si hay edición reciente o reimpresión. En Amazon.es lo encuentras nuevo y de segunda mano; conviene mirar el vendedor y los tiempos de envío, porque a veces las ofertas vienen con demora.
Para los que prefieren apoyar librerías locales, llamo o paso por la librería del barrio y pido el libro por ISBN: muchas hacen el pedido y te avisan cuando llega, sin coste extra. Otra opción que uso para ediciones agotadas es IberLibro (AbeBooks) o plataformas de segunda mano como Wallapop y todocoleccion, donde a veces aparecen ejemplares cuidados a buen precio. También reviso si existe versión digital en Kindle, Google Play o Kobo; cuando la hay, la compro para leer al instante. Al final, escoger entre rapidez, precio o apoyar local depende de lo que más me apetezca ese día, y «72 kilos» suele aparecer en al menos una de esas opciones.
4 Jawaban2026-01-16 01:36:51
Me metí de lleno en «72 kilos» y terminé viajando con un personaje que se siente constantemente arrastrado por su propio cuerpo y por las expectativas de los demás.
Yo sigo a Martina, cuya vida parece encajar en una rutina limitada: trabajo, familia y una relación que se desdibuja. El título funciona como un símbolo —los 72 kilos son tanto una cifra real que ella ve en la báscula como el peso emocional que carga—. Al principio la novela pinta situaciones cotidianas con humor y pequeñas descripciones vivas: cenas con su madre, conversaciones tensas con su pareja, y recuerdos que vuelven como escenas en cámara lenta.
Más adelante la trama se complica cuando un suceso aparentemente menor —una discusión, una foto que circula, o un encuentro fortuito en la calle— la empuja a replantearse. Empieza a probar cambios: una dieta, una clase de baile, mirar a viejos amigos desde otra distancia, hasta aceptar ayuda profesional. El clímax no es un gran giro espectacular, sino una serie de decisiones pequeñas que conforman una salida hacia la autoaceptación. Para mí, lo más bonito es cómo la historia trata la vulnerabilidad con ternura y humor; me dejó con ganas de hablar del libro con alguien cercano.
3 Jawaban2026-01-16 11:18:36
Me quedé pensando en el número mucho después de cerrar el libro: «72 kilos» no es solo una cifra, es un imán para todas las ideas que trae la novela.
Cuando lo leí por primera vez con veintitantos años, me llamó la atención lo literal: el protagonista se sube a la báscula y el lector descubre su peso —un acto casi íntimo que abre la puerta a memoria y vergüenza. Pero pronto entendí que ese número funciona como marcador de identidad. Cada escena donde aparece la báscula o alguien menciona kilos, el autor nos obliga a medir más que el cuerpo; mide decisiones, culpas y hábitos heredados. En ese sentido, «72 kilos» es una unidad de cuenta emocional, la suma de pequeñas renuncias y reconciliaciones cotidianas.
También me gustó cómo el título dialoga con temas sociales: la presión por encajar, la salud mental disfrazada de dieta, y la mirada ajena que pesa tanto como cualquier kilo en la balanza. No es moralizante: más bien registra cómo se pesa uno a sí mismo frente a otros. Al final, ese número se vuelve una cifra dinámica: cambia, sube, baja, pero permanece en la memoria como símbolo de una etapa y de un proceso. Me quedé con la sensación de que la novela usa lo concreto para hablarnos del mundo interno, y eso es lo que me convenció.
4 Jawaban2026-01-16 19:19:52
Me sorprendió lo honesta que resulta «72 kilos» desde la primera página. A mis cuarenta y pico, me atrapó esa mezcla de vulnerabilidad y humor que no intenta ser exaltada ni edulcorada; el narrador se desnuda emocionalmente y al mismo tiempo suelta chistes que funcionan como respiro. En España ha conectado con muchos lectores por esa naturalidad: habla de cuerpo, autoestima y relaciones con un tono cercano que recuerda a esas charlas largas con amigos en una terraza.
Dicho eso, también entiendo las críticas que se le hacen aquí: hay quien piensa que simplifica ciertos problemas estructurales —como la presión social y los trastornos alimentarios— reduciéndolos a anécdotas personales. A mí me parece que el acierto está en que pone el foco en lo cotidiano, en los detalles que importan y en cómo pequeñas derrotas y pequeñas victorias forman una biografía íntima. Al salir de la lectura me quedé con una mezcla de ternura y ganas de discutirlo en un grupo: no es perfecto, pero sí valiente y necesario en el panorama actual.