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En salidas con amigos o familia tiendo a pensar en redundancia y facilidad de uso: nada de gadgets incomprensibles para quien no sale tanto.
Prefiero llevar un saco extra, una cocina de gas compartida y dos filtros en lugar de uno, además de distribuir herramientas pesadas como el hacha entre varios. También enseño lo básico antes de partir: cómo encender fuego con ferrocerio, cómo montar un tarp y señales de emergencia simples. En rutas con niños priorizo protección contra el sol, snacks energéticos, y un botiquín más amplio con antihistamínicos para picaduras y vendas extra. Termino cada salida valorando qué falló y qué sobró, porque eso me ayuda a afinar el equipo para la próxima aventura y a mantener a todos con buena energía.
Siempre me atraen los kits que combinan robustez y ligereza; en España eso significa pensar en playas abrasadas, bosques mediterráneos y montañas frías por la noche.
Suelo armar el núcleo con una buena navaja fija de 10–12 cm con hoja de acero resistente a la corrosión, una navaja plegable decente, un hacha pequeña o cuchilla de mano para leña, y una sierra plegable. Añado un encendedor tipo ferrocerio y cerillas impermeables, papel de birch o yesca comercial, una olla de acero inoxidable de tamaño medio, y una pequeña cocina de gas para emergencias. Para refugio llevo un tarp ultraligero de 2,5×3 m con cuerdas y estacas, además de un óculo de vivac o saco ligero según la temporada.
Complemento con un filtro de agua portátil (o pastillas potabilizadoras), silbato, linterna frontal con pilas extra, cuerda paracord de 10–15 m, funda impermeable para mochila y un botiquín básico adaptado a picaduras de garrapata y quemaduras. Esa combinación me da flexibilidad para travesías por la sierra, bivacs en costa y escapadas de fin de semana; no es el equipo más ligero del mundo, pero sí el que más me ha funcionado aquí.
Con poco presupuesto se puede montar algo útil sin perder seguridad; yo empecé con una navaja sencilla, un tarp barato y un encendedor metálico. Busco marcas locales o mercados de segunda mano para hachas y ollas; muchas veces encuentro piezas robustas que solo necesitan una afilada. También improviso usando una bolsa de vivac y una manta térmica hasta tener un saco adecuado.
Para completar, priorizo ítems que cubran varias funciones: una navaja buena vale por muchas herramientas, el paracord sirve de cuerda, y la olla sirve para hervir y cocinar. En España recomiendo invertir en un filtro o pastillas si vas a rutas largas, y en repelente y vendajes para evitar que una pequeña herida complique la salida. Al final me quedo con que la experiencia cuenta más que el equipo más caro; aprender a improvisar te hace más seguro que depender solo del material.
He pasado muchas noches improvisadas en pinares y valles atlánticos, y aprendí a priorizar según la estación: en primavera y otoño la capa de abrigo y un saco bueno marcan la diferencia. En verano, por el contrario, saco peso en ropa y apuesto por protección solar, mosquitera y mucha agua; una cantimplora robusta y un buen filtro son mi salvación cuando los arroyos bajan turbios.
Mi mochila base incluye: cuchillo, encendedor ferrocerio, tarp, manta térmica, botiquín y navaja multiherramienta. Si voy a zonas de alta montaña sumo piolet o crampones según la nieve, y en zonas costeras llevo calzado que se pueda mojar y un pequeño ancla improvisada para viento fuerte. En todas las salidas llevo mapas y una brújula analógica además del móvil con batería externa. Al planificar siempre pienso en el peor clima posible y en caminar más horas de las previstas; así me evito sorpresas en los tramos menos señalizados de la península.
Mi lista ideal se adapta según la región: en la meseta y el interior busco fuego y abrigo, en el norte humedad y barro, y en el sur calor y sol. Por eso divido mi equipo en capas: herramientas (cuchillo, sierra, hacha), fuego (ferrocerio, cerillas), refugio (tarp, cuerda), agua y comida (filtro, ollita, raciones), navegación y primeros auxilios. Cada elemento lo evalúo por peso, durabilidad y facilidad de reparación con recursos rurales.
Añado siempre un kit de reparación con cinta americana, aguja e hilo resistente y un poco de resina o adhesivo; he remendado carpas y botas en pleno monte y eso me ha salvado jornadas. Para localizaciones españolas concretas llevo también repelente fuerte contra garrapatas y pinchos de plantas, y una guía local básica de flora tóxica y comestible. Priorizar lo reparable y lo multifunción es la regla que sigo, porque suele ser la diferencia entre una buena aventura y un problema tonto que se agrava.