3 Respuestas2026-02-03 08:24:45
Me parto con las comedias españolas que manejan la ironía con soltura; me parecen una ventana perfecta para reír mientras te da una punzada de verdad. En mi caso, recomiendo empezar por «Aquí no hay quien viva» y su sucesora espiritual «La que se avecina»: ambas son comedias de personajes, barrocas y llenas de malentendidos, pero lo que las hace especiales es cómo caricaturizan la vida de comunidad para señalar hábitos sociales y absurdos cotidianos.
También me encanta citar a «Paquita Salas», que juega con la autoparodia del mundo del entretenimiento y con un humor muy meta; cada situación es, al mismo tiempo, entrañable y punzante. Por otro lado, «Vergüenza» explora el humor incómodo, ese que te obliga a mirar las propias vergüenzas en los personajes. En distintos episodios he tenido que mirar hacia otro lado y luego reírme a escondidas, y eso me parece brillante.
Para acabar, no puedo dejar de recomendar «Arde Madrid» por su sátira histórica y estilizada, y «Mira lo que has hecho», que convierte la paternidad en una serie de golpes irónicos y muy humanos. Si quieres una dosis de ironía con capas —social, cultural y personal— estas series cubren muy bien el abanico y siempre me dejan con ganas de comentar escenas en los foros.
3 Respuestas2026-02-03 09:50:26
Hace tiempo que disfruto de los giros irónicos en el cine español y todavía me sorprende cómo algunas películas te toman la mano y te llevan hacia un final que te hace replantearlo todo.
Si buscas algo que combine suspense y un giro inteligente, no puedo dejar de recomendar «Abre los ojos»; su mezcla de realidad y sueño es un clásico que te deja preguntando qué es verdad. De Alejandro Amenábar también me gusta «Tesis», más cruda y con una ironía oscura sobre el morbo y la curiosidad humana. Para una atmósfera más sobrenatural, «Los otros» funciona perfecto: te mantiene en tensión y remata con una vuelta de tuerca que duele de lo bonita que es.
Si prefieres algo con humor negro y crítica social, «El día de la bestia» y «La comunidad» de Álex de la Iglesia son joyas: rayan en lo absurdo y a la vez te hacen reír nerviosamente. Y no puedo olvidarme de «Los cronocrímenes», que juega con el tiempo de una manera deliciosamente cruel; cada decisión conduce a su propia ironía.
Termino diciendo que, para mí, lo más gratificante de ver estos films es esa sensación de complicidad con el director cuando el giro encaja y te obliga a rejugar mentalmente la película: son pequeñas traiciones narrativas que agradeces con una sonrisa.
3 Respuestas2026-02-03 05:31:12
Me encanta rastrear novelas de tono irónico en librerías y en bibliotecas: siempre encuentro joyas que no salen en los listados más obvios.
En las grandes cadenas como «Casa del Libro» o «FNAC» suelo mirar la sección de narrativa contemporánea y también la de bolsillo; allí aparecen ediciones de autores como Eduardo Mendoza («Sin noticias de Gurb») o Enrique Vila-Matas («Bartleby y compañía»), que manejan la ironía de formas distintas. Pero las sorpresas suelen llegar en librerías independientes —esas con mesas temáticas— donde el librero recomienda según el humor que busques. Además, no subestimo las librerías de viejo y los mercados como El Rastro o encantes en Barcelona: a veces aparece una traducción clásica de «La conjura de los necios» o una edición curiosa de Vonnegut.
Por otro lado, las bibliotecas municipales y eBiblio son un recurso fantástico si quieres probar sin gastar: eBiblio (servicio público de préstamo digital en España) tiene bastantes títulos traducidos y te permite descubrir títulos con tono satírico. Para cerrar, te digo que combinar búsqueda en librerías físicas, préstamos digitales y rastreo de ediciones de segunda mano me ha dado la mezcla perfecta: colección cuidada, descubrimientos y risas irónicas al mismo tiempo. Siempre salgo con algo que me hace sonreír o replantearme una escena cotidiana.
3 Respuestas2026-02-03 00:16:00
Tengo una debilidad por los autores que escupen ironía con elegancia y no por eso dejan de hacerte reír a carcajadas o pensar en voz alta. Si miro hacia atrás en la tradición española, no puedo dejar de mencionar a Miguel Mihura, cuyo teatro —por ejemplo «Tres sombreros de copa»— maneja un absurdo y un humor seco que todavía me sorprende cuando lo releo; es como una ráfaga de aire fresco en medio del costumbrismo. También tiro siempre de Enrique Jardiel Poncela: sus juegos de palabras y situaciones imposibles en piezas como «Eloísa está debajo de un almendro» son clásica escuela de ironía española, mordaz pero juguetona.
Para lecturas más modernas me encanta Eduardo Mendoza; con novelas como «Sin noticias de Gurb» demuestra que la ironía puede ser política, social y profundamente humana a la vez, todo envuelto en un tono ligero. Ramón Gómez de la Serna me sigue pareciendo imprescindible por sus greguerías, pequeñas bombas de ingenio que condensan sátira y ternura. Y si quiero algo de prensa y viñeta, vuelvo a «Forges» —las tiras de Antonio Fraguas—, que tienen una capacidad de observación social y humor corrosivo extraordinaria.
En fin, hay una línea que va desde los clásicos satíricos —como Quevedo en su época— hasta voces contemporáneas que mezclan lo absurdo con la crítica social. Me encanta pasar de una greguería a un chiste de «Forges» y terminar con un pasaje de Jardiel: es una manera perfecta de refrescar la mirada sobre lo cotidiano.