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Me pierdo con gusto en los rincones menos transitados del cómic en español y, si te soy sincero, la presencia explícita de personajes autistas en el llamado «manga español» es todavía un territorio bastante minoritario.
En los últimos años he visto más obras independientes y fanzines que juegan con la estética manga y que exploran la neurodiversidad, pero en los lanzamientos mainstream es raro encontrar personajes que sean identificados claramente como autistas. Muchas veces aparecen rasgos reconocibles —dificultades con la sobrecarga sensorial, rutinas rígidas, formas distintas de comunicarse— sin que el propio cómic lo etiquete como «autismo». Eso genera lecturas diversas: para algunos lectores es una representación valiosa, para otros queda incompleta.
Si te interesa rastrear estos personajes, te recomiendo mirar las propuestas de pequeñas editoriales y los catálogos de festivales como el «Salón del Manga de Barcelona» o el Salón del Cómic, donde suelen aparecer autores que trabajan temas sociales con más libertad. Personalmente me ilusiona ver que cada vez hay más voces que quieren tratar la neurodiversidad con cariño y realismo, aunque aún queda camino por recorrer.
Haciendo fanzines y cómics caseros he conocido a creadores que intentan incluir personajes autistas con mucho respeto y sin usar la etiqueta como atajo narrativo. En la práctica, he aprendido que lo más efectivo es mostrar detalles concretos: reacciones a sonidos fuertes, necesidades de tiempo a solas, lugares seguros, obsesiones que no son solo «raras» sino fuentes de talento o consuelo.
En el panorama del manga en español eso aparece principalmente en tiras cortas, webcomics y autoediciones: espacios donde la experimentación y el diálogo directo con lectores permiten matices. También veo que colaborar con personas autistas o leer testimonios reales mejora muchísimo la autenticidad. Me convence la idea de que, aunque la representación aún no sea masiva, el camino indie está brindando alternativas sinceras y necesarias.
He investigado títulos y conversaciones en redes y he llegado a una conclusión práctica: hay representación, pero con matices. No abundan personajes autistas claramente identificados en cómics españoles con estilo manga; sin embargo, en la novela gráfica en español y en traducciones sí existen obras que abordan el autismo con detalle, y esas lecturas han ayudado a crear interés entre autores locales. Por ejemplo, muchas personas mencionan la influencia de novelas traducidas como «El curioso incidente del perro a medianoche» para abrir debates sobre neurodiversidad, aunque no sea un cómic.
Además, el movimiento indie (fanzines, webcomics en Instagram o plataformas como Webtoon en español) está generando pequeñas joyas donde la representación puede ser más directa y honesta. En definitiva, cuesta encontrar personajes autistas en grandes títulos del manga español, pero en los márgenes la cosa está empezando a moverse, y eso me parece prometedor.
Mi lado más crítico piensa en cómo la industria cultural española históricamente ha preferido narrativas cómodas y estereotipadas, y eso explica parte de la escasez de personajes autistas en los trabajos con estética manga. Los cómics comerciales tienden a repetir arquetipos y a evitar etiquetas que puedan considerarse «difíciles» para un público amplio, así que muchas veces la representación queda diluida o implícita.
Dicho eso, he observado un cambio gradual: autoras y autores emergentes se atreven a explorar identidades diversas, y las editoriales pequeñas y los colectivos autoeditados son terreno fértil para personajes que muestran rasgos del espectro autista sin caer en el cliché. Consultar catálogos de editoriales independientes como Astiberri o Fulgencio Pimentel y asistir a ferias alternativas suele dar mejores resultados que buscar en los grandes estantes. Me alegra ver esa apertura crítica, porque la diversidad bien tratada enriquece la narración y conecta con lectores que buscan reflejos más reales.