3 Respuestas2026-01-29 14:17:32
Me encontré con la autobiografía de Keith Richards en una edición de bolsillo llena de notas a lápiz y un marcador gastado, y su título me atrapó al instante: «Life». Publicado en 2010 y coescrito con James Fox, el libro es una crónica sin filtros de su vida desde la infancia en Dartford hasta los escenarios más grandes del mundo con los Rolling Stones.
La lectura mezcla anécdotas mordaces, confesiones sobre adicciones, reflexiones sobre el proceso creativo y retratos de sus compañeros de banda. No es una biografía clásica: está narrada con la voz áspera y directa que uno imagina de Richards, y alterna momentos de humor negro con pasajes sorprendentemente reflexivos sobre la música y el paso del tiempo. Además, en muchas ediciones en español se ha mantenido el título original «Life», aunque hay traducciones anotadas que aclaran fechas y personas.
Tras cerrar el libro me quedó la sensación de haber pasado una tarde de charla con alguien que ha visto demasiado para quedarse en lo superficial. Si te interesa la historia del rock y las personalidades detrás del mito, «Life» es un documento imprescindible; además, leerlo con una cerveza y buena compañía lo hace aún más disfrutable.
3 Respuestas2026-01-29 23:03:55
Me encanta buscar documentales musicales y, cuando se trata de Keith Richards, siempre comienzo por rastrear los títulos concretos: por ejemplo «Keith Richards: Under the Influence» y, aunque es sobre los Rolling Stones en general, «Crossfire Hurricane» incluye muchísimo material donde él brilla. En España esos documentales suelen moverse entre plataformas de compra/taquilla digital y servicios especializados en cine y música, así que mi primer truco es usar un buscador de disponibilidad como JustWatch (configurado en España) para ver dónde están ahora mismo disponibles.
En lo práctico, casi siempre acabo encontrando opciones de alquiler o compra en Amazon Prime Video (Películas y TV), Apple TV/iTunes, Google Play y YouTube Movies. Filmin también es una parada obligatoria si quiero versión más independiente o subtítulos en castellano: suelen programar documentales musicales de calidad. Para copias físicas consultas FNAC o Amazon España; yo he comprado ediciones en Blu‑ray con buenos extras que no están en streaming. Finalmente, no descartes ciclos de cine, festivales o salas culturales: a veces organizan pases temáticos de rock donde proyectan estas piezas y se ven en mejor calidad y con buen contexto. Personalmente disfruto más cuando puedo elegir subtítulos y ver material extra, así que siempre compruebo las opciones antes de decidir.
3 Respuestas2026-01-29 09:20:37
Me encanta cómo un instrumento puede volverse tan personal que casi parece tener vida propia: en el caso de Keith Richards ese papel lo cumple su Telecaster apodada 'Micawber'.
He visto cientos de videos y entrevistas, y lo que siempre vuelve es la imagen de Keith con esa Telecaster de los años 50 que ha modificado a su gusto. La afinación característica es la famosa afinación en sol abierto (open G), y suele tocarla como una guitarra de cinco cuerdas: elimina la primera cuerda (la mi aguda) para simplificar formas y conseguir ese ritmo crujiente y lleno de cuerpo. Ese arreglo—la guitarra vieja, las cuerdas faltantes y la afinación—es clave para el sonido de canciones como «Start Me Up» o «Brown Sugar». Además, Micawber tiene un carácter algo gastado, con la electrónica y la madera que han envejecido, lo que le da una resonancia única que no se obtiene con réplicas nuevas.
No siempre usa solo esa Telecaster en concierto: a lo largo de los años ha alternado con guitarras Gibson y acústicas según la canción, pero la Telecaster de los años 50 es su sello. Personalmente, me encanta pensar que no es tanto la marca como la relación entre músico e instrumento: Keith ha hecho de esa Telecaster una extensión de su mano y su forma de tocar, y por eso suena exactamente como suena. Siempre me deja la impresión de que la guitarra se adapta a él, no al revés.
3 Respuestas2026-01-29 02:48:06
Me sigue poniendo la piel de gallina el primer acorde rasgado que recuerda a Keith Richards; esa manera de tocar que suena a polvo, carretera y bar atestado. He pasado décadas escuchando cómo un riff simple puede sostener una canción entera, y eso fue exactamente lo que trajo Keith al rock español: la idea de que la guitarra rítmica no solo acompaña, sino que manda. En mi juventud, en los pubs de provincia, grupos emergentes copiaban la economía de notas de «Satisfaction» y la aspereza de «Exile on Main St.» para darle a sus canciones una voz más cruda y honesta. Esa estética caló hondo en bandas que buscaban autenticidad frente al pop pulido de la radio. Con el tiempo entendí que su influencia no fue solo técnica, sino también de actitud. Keith mostró que la imperfección tocada con convicción tiene más magnetismo que la perfección fría: acordes desafinados, vibrato seco, y un sentido del groove que empuja hacia adelante sin llamar la atención sobre el virtuoso. Grupos españoles de los setenta y ochenta adoptaron esa fórmula; no imitaban nota por nota, sino el espíritu. En la movida y en las escenas de rock urbano se respiraba esa mezcla de blues, country y descaro británico que él ayudó a popularizar. Hoy, cuando repaso discos de leyendas nacionales, veo huellas directas y sutiles de esa escuela. Algunos guitarristas aprendieron a hacer menos y decir más; otros tomaron prestada esa estética sucia para crear un contrapunto con letras en castellano que hablaban de bares, amores rotos y calles. Para mí, Keith Richards fue un recordatorio constante de que el rock puede sonar auténtico sin pretensiones, y esa lección sigue vigente en muchas bandas españolas actuales.
3 Respuestas2026-01-29 22:32:02
Me río solo al pensar en la cantidad de riffs que Keith Richards regaló al rock; es como si tuviera una biblioteca entera en la cabeza.
He seguido a los Rolling Stones desde antes de que mis amigos nacieran, y siempre me llamó la atención que, aunque muchas canciones aparezcan acreditadas a «Jagger/Richards», Keith fue autor principal o fuente de las ideas en montones de éxitos. Puedo nombrar sin esfuerzo clásicos como «Satisfaction» (ese riff es patrimonio suyo), «Jumpin' Jack Flash», «Brown Sugar», «Start Me Up», «Gimme Shelter», «Sympathy for the Devil», «Paint It Black», «Wild Horses», «Angie» y «Honky Tonk Women». Cada una tiene la huella de su manera de tocar: cruda, bluesera y con una naturalidad impresionante.
Más íntimas son las canciones donde su voz destaca y se nota la autoría más directa: «Happy» y «Before They Make Me Run» son dos ejemplos en los que su personalidad canta delante del micrófono. Y si me voy a su trabajo en solitario, en «Talk Is Cheap» aparecen temas como «Take It So Hard», «Wicked as It Seems», «Locked Away» y «You Don’t Move Me» que muestran su estilo como compositor fuera del dúo. En fin, para mí Keith no solo escribió canciones: moldeó el sonido de muchas de ellas, y esa mezcla de riff, groove y descaro es la que más me sigue fascinando hoy.